CEREMONIA DE CLAUSURA

Río, los Juegos Olímpicos del contraste ya son 'saudade'

"Fueron unos Juegos maravillosos en una ciudad maravillosa", cerró Bach. Y Tokio cogió el testigo tras unos Juegos que no fueron el desastre previsto pero tampoco deslumbraron.

Rio de Janeiro
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Ceremonia de Clausura de los Juegos Olímpicos de Río 2016
LEONHARD FOEGER REUTERS

Los Juegos de Río ya son historia. Saudade. Nostalgia. La de Usain Bolt y su triple triplete, los de los cinco oros y una plata de Michael Phelps para totalizar 28 medallas olímpicas. Los de la despedida de dos mitos. Y los del descubrimiento de Simone Biles, su perfección y también su fragilidad en la barra (cuatro oros y un bronce)... También los de las 17 medallas de España con siete oros, cuatro platas y tres bronces. Igual que en Londres 2012 pero con más diplomas (38 frente a 30). Los Juegos en los que cuatro mujeres consiguieron coronarse campeonas olímpicas en deportes en los que nunca las hubo: Ruth Beitia (atletismo), Mireia Belmonte (natación), Carolina Marín (bádminton) y Maialen Chourraut (piragüismo slalom).

La lluvia dio tregua sólo a ratos a Maracaná para que se llenara de música y los deportistas desfilaran. La 'Cidade maravilhosa' mostró su encanto y Brasil su multiculturalidad en un intento de "lavar el alma de todo el mundo", según anunciaron los organizadores. También en un intento de lavar la suya. Color y samba para tapar unos Juegos difíciles en lo organizativo que finalmente se saldaron sin incidentes graves. Mejor de lo esperado ante el panorama trágico que se presentía. El mosquito del zika no se vio, ningún deportista enfermó por las aguas y la delincuencia fue la inherente a Río. El transporte sí fue un problema, y el poco público en muchas instalaciones. Está por ver el legado que deja a la ciudad... El deportivo no será grande, pues Brasil desfiló al ritmo de 'Vassourinha' con 19 medallas (sólo dos más que en Londres), en el puesto 13 del medallero.

El Comité Olímpico Internacional abrió sus brazos a una zona virgen del mundo y Thomas Bach se vio obligado a dar un salto adelante. En 2020 espera el colchón de Tokio, que recibió la bandera de los cinco aros e hizo una demostración de su apuesta tecnológica. Su primer ministro, Shinzo Abe emergió de una caracterización de Supe Mario En medio, el desapego de grandes ciudades hacia los Juegos, remisas a gastar tanto dinero a fondo perdido, la crisis con el dopaje y Rusia...

Todo se olvidó por unas horas. Yelena Isinbayeba, vetada en Río, fue ovacionada cuando pisó Maracaná al ser anunciada miembro de la Comisión de Atletas. La música negra y tradicional vibró. Y se homenajeó a los maratonianos con su campeón, el etíope Feyisa Lilesa que unas horas antes había denunciado la persecución a su etnia, los oromo.

Y llegaron los discursos. "Río es ahora una ciudad mejor. Ha valido la pena. Hemos ganado todos juntos", proclamó Carlos Nuzman, presidente del Comité organizador, que declaró que la "autoestima de Brasil ha subido". Está por ver en un país imbuido en una enorme crisis. Y habló Tomas Bach, presidente del COI: "Gracias por vuestra calurosa hospitalidad, estos Juegos han sido la celebración de la diversidad. Brasil ha permanecido unido y amimando al mundo en momentos difíciles para todos. Hemos llegado a Brasil como invitados y nos marchamos como amigos. Estos fueron unos juegos maravillosos en una ciudad maravillosa. Dejan un legado único para las próximas generaciones. La historia hablará de Río con un antes y después de los Juegos". Se acabó sin la frase de "los mejores Juegos de la historia", que ya no pronunció Jacques Rogge en Pekín ("excepcionales") ni Londres ("felices y gloriosos").

Y los fuegos artificiales restallaron, el pebetero minimalista y ecológico se apagó con una lluvia artificial mientras Mariene de Castro susurraba una cancion y la Favela de Mangueira, detrás de Maracaná, permanecía mientras a oscuras con toda la electricidad concentrada en el estadio... Río, el contraste, los Juegos.