PIRAGÜISMO

¿Cuál es el secreto de las medallas del piragüismo?

“El crono decide quién va, aquí no hay criterios técnicos”, dice Román Mangas, presidente de la Española. Hay exigentes controles selectivos. Tres oros y el sábado, dos finales más.

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El piragüismo se irá e Río con un balance excelente. Pase lo que pase este sábado en las finales, con Saúl Craviotto en la de K1 200 (14:07) y el K4 (15:12). Todos los que vinieron o son medallistas (oros para Maialen Chourraut en slalom, Marcus Cooper en K1 1.000 y Craviotto y Cristian Toro en K2 200) o diploma (Sete Benavides cuarto en C1 200, Teresa Portela sexta y Ander Elosegi octavo en slalom). Desde Atenas 2004 no se baja del podio y es ya el segundo deporte tras la vela en número de medallas: 19 frente a 15.

“El secreto está sólo en el cronómetro, que es quien decide quien va. Aquí hemos acabado con las decisiones técnicas”, explica Juanjo Román Mangas (Zamora, 53 años), presidente de la Federación Española, que sufrió en Atlanta 1996 la injusticia de ganarse la plaza pero perderse los Juegos por esos ‘criterios técnicos’. “Es el caso de Marcus Cooper (21 años), el año pasado le dijimos que era muy bueno pero no había logrado plaza para el Mundial en 1.000, y nos lo ha agradecido porque le ha servido de revulsivo”, recuerda.

La Federación Española, con 9.600 licencias en 2015, de las que sólo 400 corresponden al slalom, está muy volcada en la tecnificación y la alta competición. En el ciclo olímpico ha recibido unos ocho millones de euros de subvención del CSD. Gran Bretaña, hasta hoy con el mismo número de medallas, dispone de nueve sólo en un año. “Y vienen a preguntarnos cómo lo hacemos”, apunta.

La respuesta está en 11 entrenadores profesionales, a sueldo de la federación, distribuidos en grupos. “Uno de 1.000, otro de 200, cuatro en tecnificación… creemos en la especialización, en encajar a cada chico en la distancia que mejor le viene y quemarse en varias”, relata. Al frente de ello, un expalista campeón del mundo y profesor en la Universidad del País Vascon, Ekaitz Saies, que elabora informes mensuales. “Queremos saber dónde estudian, si trabajan, si descansan, si cumplen los planes de entrenamiento, si se han lesionado, si necesitan ayuda psicológica... No queremos pensar que estamos fallando en algo y no lo sabemos”, cuenta Román. Los piragüistas se pulen en la Blume y el Centro de Tecnificación de Sevilla y el CT de Trasona, en el que colabora el Principado de Asturias.

Los júniors tienen pagados manutención y estudios y en Sub-23 comienzan a recibir becas que se van revisando: “No hay dinero a fondo perdido. Se aplica un criterio de productividad: tanto vales, tanto te doy”.

El crono marca el camino, por eso tras el Mundial de Milán, donde las cosas no salieron bien, se endurecieron las condiciones para ir a los Juegos. “Es un contrato que se pone por escrito y refrenda el CSD”, dice. Todos debían realizar tres eliminatorias nacionales (controles) en febrero, marzo y abril y los ganadores irían al Preolímpico en mayo. Incluido Craviotto, e incluidos los del del K4 que debían estar entre los ocho primeros de España.

Una exigencia que ha permitido que Román se traiga un buen cargamento de puros a Río. Por cada medalla se fuma uno. “¡Y si el K4 es medalla, uno por cada uno hasta marearme!”.