JUEGOS OLÍMPICOS | WATERPOLO

España debuta ante Italia reinventando la boya

Tahull y Balú hablan de un oficio de alto riesgo. “Salí un par de veces con la nariz dislocada y los tímpanos rotos”, comenta el hispanohúngaro.

España debuta ante Italia reinventando la boya
Gorka Leiza
Alberto Martínez
Licenciado desde 2006 pero escribiendo crónicas desde 2003. En AS desde 2005, donde informa del Espanyol y de polideportivo, especialmente de deportes acuáticos. Ha estado en tres Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Natación y tres Europeos. Autor del libro ‘Jesús Rollán eterno’.
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De Sidney 2000 a Londres 2012, la Selección de waterpolo masculino presumía de tener a uno de los boyas más decisivos del mundo. Iván Pérez, que llegó a jugar hasta los 42 años, era capaz de fijar a defensores, de liberar a los lanzadores, de forzar exclusiones y de marcar la diferencia desde la posición interior. Eso sí, a medida que pasaban los años tenía que dosificar sus minutos, ya que su regreso a la defensa no era tan veloz y los rivales ya limitaban su juego. Pero seguía siendo un jugador determinante en el puesto más decisivo del waterpolo.

En España, que debuta este sábado ante la dura Italia a las 11:40 (16:40 hora española), hay un déficit, después de la retirada también de Xavi Vallès. El húngaro nacionalizado Balasz Sziranyi, Balú, y el jovencísimo Roger Tahull serán los encargados en Río de pelearse contra los gigantes balcánicos y del resto de países hegemónicos. “Lo nuestro es otro deporte. Es más difícil. Nosotros lo que hacemos es físico, es una lucha constante, no es waterpolo. El resto de mis compañeros son más técnicos y vistosos”, reflexiona el húngaro, que tendrá que tirar del equipo. “No hay una tendencia generalizada, pero es cierto que hay pocos boyas. Siempre ha habido pocos. Tienes que ser grande, de un tamaño determinado, y el nivel de entrega es mayor. No todo el mundo tiene esto”, argumenta.

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Bien lo sabe Tahull, que fue boya a la fuerza. A sus 19 años, y después de probar en todas las posiciones, lo colocaron en esa posición en el Atlètic-Barceloneta debido a su físico, aunque todavía tiene que ganar experiencia, musculatura y se toma estos Juegos como una experiencia con la ambición máxima. “Lo vivo con ganas e ilusión. Todos queremos participar. Es bonito vivirlo, pero si no vas por la victoria no vale de nada”, comenta, mientras recuerda uno de sus primeros partidos en la final a seis de la Champions de 2015: “Nada más salir ya recibí un golpe importante, aunque en ese momento fue lo de menos”, explica.

Es el sino de los boyas, acostumbrados a la magulladuras de un deporte más cercano a la lucha libre que al waterpolo. “Salí un par de veces con la nariz dislocada y los tímpanos rotos. Pero durante el partido no lo notas y no es traumático. Nos llevamos golpes importantes”, apunta Balú, que ha aprendido el oficio a base de embestidas. Gabi Hernández tendrá que buscar variantes al juego ofensivo para paliar esta falta boyas gigantes, ya que los equipos pueden presionar a los lanzadores españoles sin temor a dejar al defensor de boya solo. Es el reto de España, encontrar otros caminos al gol y no los habituales. De ello dependerán las opciones de medalla. “Nosotros vamos a por el oro. Son unos Juegos y esa es la mentalidad”, remarca el húngaro nacionalizado español. Temer no teme a nada ni a nadie. Es boya.

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