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Lilí Álvarez, la tenista que "se movía como un torero"

HISTORIAS OLÍMPICAS

Lilí Álvarez, la tenista que "se movía como un torero"

Lilí Álvarez, la tenista que "se movía como un torero"

Fue el primer mito del deporte olímpico español. Llegó a tres finales de Wimbledon y alternó en la corte con el rey Alfonso XIII. Era de una familia pudiente.

Se mueve por la pista como un torero”, comentó Alfonso XIII al ver evolucionar sobre la verde hierba de Wimbledon la blanca silueta de Elia María González-Álvarez y López-Chicheri, más conocida como Lilí Álvarez o como The Senorita, apelativo este último que la popularizó en el mundo anglosajón. Si hubiera pertenecido a ese mundo anglosajón, y sobre todo al estadounidense, ya se hubieran estrenado varias películas sobre la vida de la mujer que fue pionera del deporte español, feminista militante desde una posición católica y en una España retrógrada, y que en los Juegos de París 1924 terminó en la quinta posición del torneo femenino de tenis, tras ganar a la estadounidense Lilian Scharman por 6-2 y 6-2 y a la india V. Polley por 6-0 y 6-3 y perder con la francesa Germanie Golding por 5-7 y 3-6.

Tuvieron que pasar muchos, muchos años, hasta que España volviera a tener representación femenina en un equipo olímpico. Volvió a suceder en Roma 1960, con presencia de mujeres españolas en esgrima, gimnasia y natación, con actuaciones muy poco relevantes. En México 1968 se consiguió otro hito en la progresión española del deporte femenino, con la séptima plaza de Mari Paz Corominas en 200 metros espalda, la primera vez que una deportista española accedía a una final olímpica. En el atletismo, el deporte rey de los Juegos, las españolas no actuaron hasta los de Montreal 1976, con Carmen Valero en 800 y 1.500 metros.

De hecho, el atletismo había estado prohibido durante años en España, porque la Sección Femenina estimaba que era masculinizante. Y pasaron muchos más años hasta que otra mujer de nuestro país logró mejorar la quinta posición de Lilí Álvarez. Fue en los Juegos de Barcelona 1992, en los que Mirian Blasco ganó la medalla de oro en judo, en un acontecimiento absolutamente histórico en el deporte femenino español. 

En aquellos Juegos Lilí estuvo acompañada por Rosa Torrás (que en algunas publicaciones figura como Rosa Torres), la otra mujer española en París, que ganó un partido y perdió otro. En el encuentro de dobles en el que ambas formaron equipo salieron derrotadas por la pareja francesa. Lilí también compitió en dobles mixtos, junto a Eduardo Flaquer, y llegaron a cuartos de final.

El tenis desapareció de los Juegos y hubo que esperar a su reinstauración en Seúl 1988 para ver otro torneo olímpico, que la alemana Steffi Graf le ganó a la argentina Gabriela Sabatini. The Senorita tenía tan sólo 19 años en París, pues había nacido el 9 de mayo de 1905 en el Hotel Flora, de Roma, donde sus padres estaban de viaje.

Pertenecía a una familia pudiente, así que fue bautizada nada menos que en San Juan de Letrán.Su madre tenía una salud delicada y por ese motivo vivían habitualmente en Suiza. Allí el papel de la mujer en la sociedad era mucho más avanzado que en España, de forma que Lilí pudo hacer deporte desde pequeña y practicó billar subida a una silla, cuando era niña y no llegaba aún a la mesa; patinaje sobre hielo, con victorias en Saint-Moritz, equitación, esquí alpino, automovilismo y, sobre todo, tenis.  

En París aún no había alcanzado la plenitud de su juego, pero poco después se convirtió en una de las mejores tenistas del mundo, tres veces finalista en Wimbledon, en los años 1926, 1927 y 1928, partidos de los que siempre salió derrotada, en el primer caso ante la británica Kitty y en el segundo ante la estadounidense Helen Wills. Estas dos tenistas habían sido medallistas en los Juegos de París: Wills se llevó el oro individual y en dobles y McKane logró el bronce en singles y el subcampeonato en dobles femeninos y dobles mixtos. Además, había sido la gran vencedora, cuatro años antes, en Amberes 1920. 

En el aristocrático All England Club alternaba con la nobleza, con los políticos y hasta con los reyes, como el citado Alfonso XIII o el monarca sueco Gustavo V, que, por cierto, fue quien declaró inaugurados los Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912. También era un asiduo el mariscal francés Fernand Foch, héroe de la Primera Guerra Mundial, comandante en jefe de los ejércitos aliados en el frente occidental europeo, vencedor de la Batalla del Marne (1918) y que firmó el armisticio de Alemania. En los actos sociales posteriores a un partido, el mariscal se acercó a Lilí y la galanteó: “No me gustaría enfrentarme a usted en una pista de tenis”.

La respuesta de The Senorita fue rápida e ingeniosa: “No se preocupe; yo tampoco le declararía a usted la guerra”.Por esa época publicó en Londres y en inglés un libro sobre las reglas de su deporte favorito, “Modern Lawn Tennis”, y colaboró escribiendo de temas españoles en el Daily Mail. Lilí vestía a la última moda francesa y en la pista lucía blusa de manga corta, falda amplia especialmente diseñada para ella, medias y zapatillas. Todo ello de color blanco impoluto, lo mismo que el pañuelo con que se ceñía el pelo.

En 1934 se casó con el conde de Velderé, diplomático y aristócrata francés, del que se separó tras la muerte del hijo de ambos cuando éste tenía cinco años. Se instaló definitivamente en España en 1941,en plena posguerra, y continuó haciendo deporte, pero con dificultades. Ese mismo año se proclamó campeona nacional de esquí en Candanchú, pero los federativos intentaron minusvalorar su éxito, porque al fin y al cabo era sólo una mujer, ella les calificó de “machistas” y ellos le acusaron de “ofensas a España”, muy en línea con el tratamiento que se daba por entonces a aquellos que protestaban por algo, le quitaron el título y la expulsaron de la federación.

Y ella se retiró. La España de entonces, ordenada en muchos aspectos por la Sección Femenina, no era la Europa en la que ella se había codeado con aristócratas liberales, reyes y deportistas.Publicó diversos libros, como Plenitud, Tierra Extraña y Feminismo y Espiritualidad, y en 1951 participó muy activamente en el Congreso Feminista Hispano-Americano. Respetada por todos, falleció el 8 de julio de 1998 en Madrid, a los 93 años.

Fue una adelantada en su época, sobre todo por lo que a España respecta, e hizo cosas que las mujeres de su época no hacían. Hasta fue campeona de tango... en Alemania. 

 

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