NFL draft

La NFL enloquece sin remedio a una semana del draft 2016

Los Rams suben al pick 1, los Eagles escalan hasta el pick 2, los Panthers dejan marchar a Josh Norman y los sucesos inexplicables parecen no acabar nunca.

La NFL enloquece sin remedio a una semana del draft 2016
EZRA SHAW AFP

Si eres de los que piensa que el hombre no ha llegado a la luna, el monstruo del lago Ness se ahogó hace millones de años, el abominable hombre de las nieves no se esconde en lo más recóndito del ártico y los extraterrestres son una invención literaria, quizá haya llegado el momento de que te replantees todas tus convicciones. La NFL ha demostrado en las últimas horas que todo es posible en este mundo. Los fundamentos de la lógica han saltado por los aires y la sensación es que una epidemia generalizada de locura transitoria se ha extendido por los despachos de la liga convirtiendo a los ejecutivos más precavidos en kamikazes.

El run run que precede al draft 2016 ha conseguido que todos demos por hecho que la selección colegial de este año no es maravillosa. Eso no significa que la calidad media de los jugadores pueda ser más baja que en otras ocasiones. Más bien se refiere a que esa vez brillan por su ausencia ese puñado de superestrellas en ciernes que suelen exaltar los corazones de los aficionados en los días previos. Una decena de tipos por los que las franquicias sienten la tentación de vender el alma al diablo y que en este caso despiertan casi siempre demasiadas dudas.

Por eso ya pareció un acto de locura que Los Angeles Rams cedieran a los Titans una primera ronda, dos segundas y dos terceras para subir al número 1 del draft y poder elegir a Goff o Wentz, su quarterback de futuro. Según todos los analistas más avezados, ninguno de los dos quarterbacks tiene talento de número 1 del draft. Ni de superestrella. Y el movimiento parece más una operación de marketing para poner a los Rams en el mapa de California, que un movimiento lógico de cara a hacer crecer una plantilla que lleva demasiados años reconstruyéndose hacia ninguna parte.

Sin embargo, hay algo innegable: los Rams necesitan un quarterback como el comer y quizá dentro de tres o cuatro años hablemos de este intercambio como un movimiento genial, reaparezca el dinosaurio escocés, nos visiten señores pequeñitos con cabezones inconmensurables o nos toque el Euromillón.

Pero lo de ayer de los Eagles se escapa a cualquier razonamiento lógico. Ya tienen en la plantilla dos quarterbacks, Sam Bradford y Chase Daniel, con vitola y ambición de titulares. El primero cobrará este año 17 millones de dólares y el segundo siete. Si tenemos en cuenta que la elección de un quarterback con el pick dos les costará en torno a 4,5 millones, los Eagles, en teórica reconstrucción, van a invertir casi 29 millones de dólares en quarterbacks. El 20% de su inversión en salarios para cubrir un solo puesto de titular. De locos.

Es posible que Bradford pudiera confirmar en 2016, y en un sistema que le favorece, que nunca será la estrella con la que soñaron los Rams cuando le eligieron con el pick 1 del draft de 2010 (sí, el mismo con que elegirán a Goff o Wentz), pero también es cierto que hasta ahora la falta de receptores, las lesiones o un sistema en el que era imposible que rindiera, nos han impedido ver a Bradford en todo su esplendor si es que lo tiene. Y también está claro que tener en el banquillo a un jugador de 17 millones de dólares es activar una bomba de relojería en un equipo que necesita sobre todo mucha calma y tranquilidad en su presunto retorno a sus orígenes.

Por tanto, los Eagles han pagado una primera, una segunda y una tercera ronda, que tampoco es una barbaridad, pero por un jugador que al menos este año no necesitaban. Y visto su calendario, y las proyecciones del draft de 2017, muy probablemente podrían haber elegido en primera ronda un jugador con más impacto y más necesario, haber intentado resucitar a Bradford, y haber hecho el esfuerzo dentro de doce meses con el panorama más despejado y menos incógnitas en el aire.

Lo dicho, una locura.

Pero cuando no nos habíamos recuperado de la impresión, los Panthers anunciaban que habían retirado la etiqueta de franquicia a Josh Norman, que automáticamente se convertía en agente libre, con libertad absoluta para fichar por quien fuera. Dave Gettleman, general manager de los Panthers, explicaba que la decisión se había tomado porque iba a ser imposible llegar a un acuerdo de larga duración con un Norman que ya había anunciado que no asistiría a los entrenamientos voluntarios y que se negaría a firmar la etiqueta de franquicia (con la que ganaría la friolera 14 millones de dólares en 2016) aunque estuviera todo el año sin jugar.

Si algo hemos aprendido en los últimos años es que tras la firma del último convenio colectivo los jugadores siempre están en inferioridad de condiciones. Y con la etiqueta de jugador franquicia no sucede algo diferente. Si un equipo etiqueta a un jugador, por mucho que éste se empeñe en no firmarla, antes o después termina cediendo porque la otra salida es estar un año sin jugar, sin ingresar dinero, y dejando de salir en la foto en una NFL con la memoria muy corta. Por tanto, por mucho que pataleen, los jugadores terminan firmando, ganando una millonada que les consuela, y rindiendo al máximo nivel con la certeza de que al año siguiente sí que firmarán el contrato con el que sueñan.

Creo que Norman, con 28 años y deseando firmar el contrato de su vida, habría terminado por claudicar, como todos. Y me parece una locura que los Panthers autodestruyan su secundaria que más allá de su cornerback estrella ya estaba bastante cogida por los pelos. Parece ser que el problema fundamenta podría ser la desestabilización que un Norman enfadado podría crear en el vestuario, pero la decisión no hace más que alimentar la sensación de que Ron Rivera quizá sea un gran entrenador en el plano estratégico, pero podría estar teninedo bastantes problemas de autoridad en un vestuario, el de los Panthers, bastante complicado de gestionar y en ocasiones conflictivo.

Dicho todo lo anterior, y después de meditarlo con la almohada en una noche de vueltas y revueltas en la cama, la única explicación de todo lo sucedido la debe tener un virus. Una epidemia de locura transitoria que parece asolar la NFL, que está convirtiendo esta offseason en una de las más divertidas de los últimos años, y que augura un draft lleno de emociones fuertes, elecciones surrealistas y autodestrucciones incontroladas.

O quizá hemos sido invadidos por los extraterrestres con la inestimable ayuda del abominable hombre de las nieves. Todo es posible. TODO.