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Tres argumentos para pagar a los atletas universitarios

EL JARDÍN DE ATRÁS

Tres argumentos para pagar a los atletas universitarios

Tres argumentos para pagar a los atletas universitarios

Christian Petersen

Getty Images

Las competiciones entre universidades en Estados Unidos no son profesionales, por lo que sus atletas no reciben un salario por jugar y competir.

La pregunta no es si los atletas universitarios deberían tener un sueldo por lo que trabajan. La pregunta es: si la NCAA no conspirara contra ellos, ¿tendrían una nómina? La respuesta es: sí, la tendrían. Y es que el mero hecho de que la NCAA se oponga rotundamente forzando una regla que previene a cualquiera ser pagado por su trabajo, es un signo de que si la regla no estuviera ahí, serían pagados. Todos deberían tener el derecho a ganar el dinero que valen, al menos tener la posibilidad de preguntar por ello, y si no valen mucho pues que no les paguen mucho.

El segundo argumento es que no tiene sentido que un jugador no sea pagado por lo que juega pero la universidad invierta ese dinero en beneficios indirectos en forma del bonito vestuario, el jacuzzi con cascada, la sala de hidroterapia… y, especialmente, el sueldo desorbitado del head coach. Es un sistema donde la paga del jugador es ilegal y la forma que tienen las universidades de competir por el talento es pagar a los entrenadores más y más para reclutar buen talento.

Esto genera un desequilibrio porque los programas con más dinero consiguen a los mejores técnicos. Además, resulta algo intocable porque en los ‘90 hubo un intento de poner una especie de salary cap a los head coaches de college y, como es un mercado de trabajo libre, éstos lo llevaron a los tribunales donde ganaron. Los dólares que las universidades deberían emplear en los jugadores, lo invierten en instalaciones y entrenadores. Por resaltar este dato, un entrenador de college football puede ganar dos veces lo de uno NFL y uno de college basketball hasta siete veces lo de uno NBA. Mientras en las ligas profesionales el crecimiento de los ingresos va, en mayor parte, a los jugadores, en las ligas universitarias los programas pueden multiplicar su valor a costa del trabajo gratuito de sus atletas.

Es incoherente, en términos económicos, no pagar a los atletas universitarios por el trabajo que hacen. Capítulo aparte es las consecuencias sociales. Y no da la sensación que los altos directivos de la NCAA apliquen esta lógica aplastante. Las alas progresistas ven mal e inmoral el proceso de recompensas con nóminas por motivos deportivos y no académicos dentro de la estructura de la universidad. Mientras las alas conservadoras de entrada ya son resistentes al cambio de fábrica y, por añadido, no ven con buenos ojos la estructura poderosa de sindicato que se formaría si hubiera salarios.

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