España entra en su quinta final por la puerta grande
España tiene su tercera estrella más cerca. Sólo a un paso, en la final de mañana ante Brasil (13:30), la quinta consecutiva. Ayer Italia se vio superada en todo momento por una Selección que vive un momento dulce y que sigue escribiendo páginas de oro en la historia del deporte español.


Se suele decir que más difícil que llegar a la cumbre es mantenerse. Pues la Selección española de fútbol sala lleva 20 años en ella. Casi nada. Mañana jugará su histórica quinta final mundialista consecutiva después de que ayer arrollara a Italia en semifinales en un encuentro casi perfecto. En estas dos décadas han pasado multitud de jugadores pero el nivel nunca se resiente. Todo germinó con Javier Lozano en el banquillo, con el tercer puesto en el Mundial de 1992, y continúa con José Venancio López en una época donde la dificultad ha crecido. Ya no son cuatro los que juegan a esto, pero los dos primeros escalones siguen inamovibles. España, dos, y Brasil, cuatro, han ganado todos los torneos, y será la cuarta vez que se midan por el trono mundial.
Dominio. Ayer fue Italia la que sufrió a La Roja. La volvió a sufrir, mejor dicho, porque su historia está plagada de derrotas ante los españoles. Ayer no fue diferente. Tampoco la competitividad italiana, que propició que asustara con un tiro al poste en los primeros minutos.
Pero la que se adelantó fue España y, para más recochineo, a la italiana. Torras sacó de banda y el balón rebotó en la pierna de su compañero en el Barça y rival ayer, Saad. Gol feo, aunque en las semifinales de todo un Mundial, por su significado, ninguno lo es. El tanto pareció abrir una autopista hacia la meta italiana que defendía Mammarella.
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Error. Decía que el partido fue casi perfecto. Sólo hubo un error, garrafal eso sí. Ya en la segunda mitad, la defensa española se despistó con los cambios mientras el esférico llegaba al portero italiano. Éste se dio cuenta y mandó el balón a Merlim, que cruzaba ante Juanjo sin mayor oposición. Lo que pudo ser un lunar para España se convirtió en un motivo más de elogio, porque sacó a relucir su poder de recuperación. Once segundos le bastaron para volver a estar por delante, los que le costó a Torras mandar un pase preciso a Alemao. Si el empate había dolido en la Selección, el 2-1 dejó herido de muerte a Italia. Sergio Lozano, el abanderado de los jóvenes de este equipo junto con los Miguelín, Aicardo y compañía, fue el autor del tercero, a pase de un Fernandao otra vez magistral en el pivote.
Desenlace. Italia atacaba con portero-jugador más por honra que por convicción, mientras que España se replegaba sin dejar de mirar a la meta italiana. Lin, lastrado en el torneo por las tarjetas, puso la guinda con un golazo, después de dejar a Vampeta en la cuneta, y cerró así la cita con Brasil en la final de mañana. Una cita en la cumbre. De donde España, en 20 años, nunca se ha bajado.