GOLF | RYDER CUP

Olazábal: "No estrangulé a Martin Kaymer de milagro"

El español, capitán del equipo europeo de la Ryder, aseguró que el alemán le confesó que no pensó en hacer dos putts en el 18 de Medinah cuando sabía que le valían para ganar.

Martin Kaymer y Sergio García celebran la conquista de la Ryder.
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El pasado 30 de septiembre, Martin Kaymer embocó un putt de dos metros en el hoyo 18 de Medinah para completar una remontada antológica y dar a Europa una nueva Ryder Cup. El alemán jugó un buen hoyo. De salida, su bola terminó en el bunker tras una serie de desafortunados botes en la calle; el segundo golpe, magnífico, terminó a unos cinco metros de la bandera. Entonces, y ante la mala situación de Steve Stricker, Kaymer sabía que con dos putts Europa ganaría la Ryder. Pero se le olvidó ese pequeño detalle. José María Olazábal, capitán europeo, lo veía a lo lejos, desde la calle del mismo hoyo: "Lo normal hubiera sido que tirar a arrimar. Tiró el primero y se pasó dos metros. Mmmm... Luego me confesó que no se le fue la mano, ¡que quiso jugar el hoyo como si lo necesitase meter! De milagro no le estrangulé cuando me lo contó en Portugal dos semanas más tarde", reveló el capitán en la revista GolfDigest.

Kaymer terminó por embocar la pelota y Europa ganó la Ryder. Sin embargo, la historia pudo ser bien diferente. Le ocurrió a su compatriota Bernhard Langer en 1991, también en el partido decisivo, pero entonces en Kiawah Island (Carolina del Norte). Langer, uno de los mejores jugadores europeos de la historia, hizo tres putts en el 18 cuando con dos Europa habría ganado la Ryder. Se pasó en exceso en el primer putt y la mala fortuna le impidió meter el segundo, de distancia similar a la de un temerario Kaymer. Langer siempre recordó como una marca de un clavo de los zapatos desvió su bola. El destino quiso que Kaymer se encontrase con una situación parecida, pues entre su bola y el hoyo, una huella de zapato amenazaba el golpe definitivo, la victoria, la gran remontada. "Pensé que no podía volver a ocurrir, que esta vez tenía que ir dentro seguro", le dijo Kaymer a Olazábal.

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Previamente, Europa había trabajado con dureza para darse una opción el domingo a última hora. Tras las cinco primeras victorias (Poulter, Rose, Lawrie, McIlroy y Donald), Olazábal apuntó al partido de Sergio García como el duelo clave. "En realidad, cuando Sergio dio la vuelta al marcador ante Furyk, le ganó los dos hoyos y convirtió el uno abajo en uno arriba vi que se podía conquistar la Ryder", explicó el donostiarra. "Habíamos abortado la hemorragia de rojos que se habían sucedido tras los cinco primeros partidos. Sabía que Lee, ante Kuchar, estaba jugando bien y que podíamos ganar ese punto. Todo iba a depender de los partidos de Kaymer y Molinari", añadió Olazábal. La estrategia le había salido a la perfección. Desde el principio la tuvo clara, sobre todo, a la hora de motivar al equipo. Los golfistas le ayudaron: "Les dije que la PGA estaba hablando mucho del jugador número 13 y ahora no recuerdo quien dijo: 'Sí, ellos buscarán al número 13 con el público, pero nosotros lo tenemos con Seve'".

En el genio cántabro también dijo Kaymer que pensó mientras leía aquel putt del 18. La tensión del momento se tornó insoportable para Olazábal: "Me quité el pinganillo y comencé a caminar por la calle del 18 hacia el green. No quise mirar. Cerré los ojos y esperé el ruido. Escuché música celestial, el griterío del grupo de europeos y a Martin alzando los brazos, celebrando un triunfo como nunca lo había hecho. Eso era la Ryder". Eso fue lo que vio José María Olazábal: "Decía Al Pacino en la película 'Un Domingo Cualquiera' que había dos opciones: 'O nos curamos como equipo o moriremos como individuos'. Escogimos la primera". Y Europa ganó la mejor Ryder de la historia.

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