TAEKWONDO

García Hemme, plata al caer frente al argentino Crismanich

El taekwondista anario perdió en la final al argentino Sebastian Crismanich en la final de -80 kilos por 1-0. Crismanich decidió el combate en el último asalto.

Nicolas García Hemme , de azul, durante la final ante Crismanich.
TOSHIFUMI KITAMURA
Jesús Mínguez
Redactor Jefe Más Deporte
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
Madrid Actualizado a

Nicolás García dio a España la decimotercera medalla en Londres. La del pleno del taekwondo español, el vivero que alimenta con tres metales el medallero, seco de otros manantiales como el la pista o el tenis. En la final de los -80 kg, no pudo culminar su obra derrotando al argentino Sebastian Crismanich, que se llevó el oro por un solo punto.

Empujado por la inercia del oro de Joel González y Brigitte Yagüe, Nico el gladiador (así le llama su compañera) dio un paso fundamental en el primer combate. Allí se encontró al iraní Yousef Karami, campeón del mundo en un peso superior (en los Juegos se comprimen de ocho a cuatro) en 2011, y con un taekwondo brillante y potente le derrotó por 8-2. "Todo está estudiado desde que hace cuatro meses se supo el cuadro –contaba luego el seleccionador Francisco Martín-. Desde que está implantado el sistema de vídeo-replay, disponemos de imágenes de todos los rivales. Un montón de horas de cada uno. No tienen secretos".

Se había subido un escalón. Pero el de cuartos era también muy alto. El Excel atronaba "¡Yívi, Yívi!". GB. Great Britain. Y Lutalo Muhammad, nacido en Londres, salía al tatami dispuesto a sumarse al festival. No pudo. El 7-3 del electrónico no dejó lugar a dudas. En semifinales, el canario sufrió más, pero sacó la tranquilidad que le ha imbuido el psicólogo Pablo del Río, ese que le quitó "los dolores de tripa" cuando salía a competir. La temida ansiedad que atenaza los músculos y se convierte en espita por donde se escapa la energía.

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Empate. Cuando quedaban dos segundos, empatado a uno, abrió la guardia, cebó al italiano Mauro Sarmiento y conectó una patada que valía la plata o el oro: 2-1. "Ha decidido la cabeza", dijo sin titubear. El gesto ceñudo del que sabe que aún no ha conseguido lo que quiere. A su móvil llegaban, como en todas las competiciones importantes, mensajes motivadores de Del Río. "Todo suma", dice el canario de 24 años, que decora las paredes de su cuarto en la Blume con frases del tipo "Si no somos capaces de soportar un sacrificio, nunca seremos capaces de soportar una victoria", de Gandhi. O esta que cobró sentido ayer: "La mayor parte de los fracasos vienen por querer adelantar la hora". La suya no había llegado hasta ahora.

En la final, optó tuvo enfrente a Crismanich, de 24 años, sin grandes resultados internacionales en su currículum, pero que hizo la competición de su vida para dar a Argentina el primer oro en los Juegos. Marcó una patada cuando quedaban 22 segundos. Nico, bien en la defensa siempre, tiró de su mente y de su furia. Pero aunque le había llegado la hora, el reloj todavía no es de oro.

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