Gymkanas, bingo, familia y mucho balón para lograr el oro
Los entrenamientos son largos, el balón es obligado y los jugadores de campo actúan fuera de su posición habitual, es decir, los delanteros como defensas y los defensas como delanteros.


En la selección brasileña todos hablan de ello. Se llama rachao. Consiste en una competición que discurre en los entrenamientos y que enfrenta a dos grupos de jugadores formados desde el principio de la concentración. Dos equipos dentro de uno mismo. Thiago Silva, Pato, Neymar y Oscar contra Rómulo, Sandro, Hulk y Lucas, entre otros. Un torneo paralelo al que este martes les mide a Corea del Sur en las semifinales de los Juegos Olímpicos. Una manera única de fomentar la competitividad. Y de qué manera.
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Los resultados del rachao son comentados en internet, los goles de los partidillos subidos a Youtube y los ganadores del día posan para la prensa como si de un partido se tratase. Esta no es la única curiosidad. Las sesiones son largas, el balón es obligado y los jugadores de campo actúan fuera de su posición habitual, es decir, los delanteros como defensas y los defensas como delanteros. Menezes también incide en los lanzamientos de penalti y falta durante casi una hora. Quien diga luego que esta suerte es una lotería se equivoca.
Hay otro factor determinante en el día a día brasileño: la familia. Los jugadores tienen acceso a ella casi a diario en sus hoteles. Incluso los hijos saltan al campo de entrenamiento para jugar con sus padres cuando la sesión acaba. Ha ocurrido con Marcelo, cuya mujer Clarice y su hijo Enzo se encuentran estos días en tierras británicas. Después, siguiendo con la estrategia de Menezes, arranca un bingo nocturno con el que mantener el espíritu ganador. El rachao no para. Y, salvo que Corea diga lo contrario en semifinales, no lo hará hasta la final.