Francia pasa por la trituradora
Francia sólo resiste un cuarto ante una Estados Unidos terriblemente superior, que despegó en cuanto anotó desde el exterior. Durant y LeBron lideran la exhibición coral estadounidense.


Malas noticias para los rivales de Estados Unidos: los partidos duran 40 minutos. No son al menos los 48 del juego NBA pero son una eternidad con olor a azufre que no hay piernas ni espíritu que, o eso parece, lo aguanten. El Team USA es como una pesadilla supersónica que marcha de forma implacable. A veces con la potencia de un rinoceronte y a veces con la velocidad de un guepardo, el bulldozer estadounidense está justo detrás de ti cuando más corres y te adelanta como un obús en cuanto muestras síntomas de flaqueza. A partir de entonces ya no lo ves y en ese instante, aunque ni siquiera te hayas dado cuenta y aunque quede un mundo por delante, ya has perdido el partido.
No se trata, se supone, de ver qué equipo plantea más minutos de crudeza competitiva al actual campeón. No se trata de ver quién aguanta más tiempo a rueda, quien sale más guapo en la foto. Se supone que no se trata de eso porque eso pondría viento de cara a las comparaciones de este Team USA con la leyenda del sueño de Barcelona 92. Y por eso camino va: fijemos por ejemplo una cifra que sirva de zanja y referencia: 85 puntos. Incluso en su peor día Estados Unidos va a superar esa puntuación. Incluso en su mejor versión casi cualquier rival sufrirá para alcanzar ese guarismo contra la selva de brazos y músculo que plantea la defensa orquestada por Coach K. Ahí está el quid de la cuestión, cómo ser excelso haciendo que Estados Unidos sea mediocre. Se puede unos minutos, un cuarto y hasta un poquito más. ¿Se puede un partido completo? La respuesta dará la medida de la dificultad de la ruta de Estados Unidos hacia el oro.
Noticias relacionadas
Francia era para muchos una de los rivales capaces de incordiar a la bestia a base de músculo y de un quinteto que tiene cuatro NBA y que no tiene cinco por la baja de Noah. Pero enfrente hay una rotación que suma 43 presencias en All-Star y una variedad de recursos sobrecogedora. Francia resistió un cuarto (22-21) a base de exprimir los minutos buenos de Tony Parker y de poner defensas zonales que impidieron correr y obligaron a tirar mal desde fuera a Estados Unidos. Esa es la llave conocida: zonas, llevarles a ataques acabados en tiros complicados y explotar en ataque a tu base si este tiene el talento y los reflejos para sortear la salvaje línea de presión exterior norteamericana. Todo eso y aprovechar los tiros libres que concede un rival que mete brazos y cuerpos en cada centímetro del campo, hasta el exceso. Con todo eso Francia resistió ese primer cuarto y desapareció en el segundo en cuanto Estados Unidos acertó por fuera (0/5 en triples en el primer cuarto, 6/12 al descanso) y entró en ritmo de ataque y defensa. 30-15 en el segundo cuarto, 52-36 al descanso en ruta a un partido roto en el minuto 22: 58-38. Apartir de ahí, paseo lustroso ante, recuerdo, el subcampeón de Europa y uno de los candidatos de consenso a medalla pero al fin y al cabo un equipo que tiene mucho más repartido el músculo que el talento.
Entre el segundo y el tercer cuarto Francia anotó nueve canastas en juego y acabó el partido con 2/22 en triples. Perdió 18 balones, perdió la lucha por el rebote y compartió mucho peor la pelota (27-10 en asistencias). Imposible, una quimera por mucho subcampeón de Europa que se sea. Estados Unidos ni siquiera necesitó su versión más excelsa. Durant (22 puntos y 9 rebotes silbando) y LeBron (9 puntos, 5 rebotes, 8 asistencias) exhibieron una superioridad descomunal, la misma jerarquía de Kobe Bryant (puntos en el despegue) o Carmelo Anthony, otro jugador para el que apenas hay antídoto a nivel FIBA. Jugaron todos y aportaron todos. Hasta Kevin Love, infrautilizado en la preparación, demostró que aporta recursos impagables para las particularidades del juego interior de este equipo: 14 puntos en 14 minutos. En cuanto comenzó a funcionar la trituradora, Francia se hizo a un lado y asumió que sus Juegos comienzan en la segunda jornada. Más que una señal, un síntoma: Estados Unidos asoma como una bestia prácticamente inabordable. Se buscan valientes.