El secreto mejor guardado eran siete futuros campeones
Se trataba de hacer un guiño al lema de los Juegos: Inspire a generation. Inspirar a una generación en la importancia del deporte para un país que acoge sus terceros Juegos.


El privilegio de encender la antorcha en la ceremonia de inauguración no fue para campeones del pasado, sino para campeones del futuro. Steve Redgrave, cinco veces seguidas oro en remo, recogió de manos de David Beckham la llama a orillas del Támesis y la puso en las de siete chavales, los nombres que más se oyeron ayer en los telediarios de Gran Bretaña.
Se trataba de hacer un guiño al lema de los Juegos: Inspire a generation. Inspirar a una generación en la importancia del deporte para un país, una ciudad, que acoge sus terceros Juegos. Lo había dejado caer Lord Sebastian Coe y nadie le había hecho caso. "¿Por qué va a ser sólo uno?", dijo mientras los tabloides alimentaban la polémica entre Redgrave y Daley Thompson.
Así que a seis mitos, incluido Redgrave, que estuvieron presentes en la pista, se les propuso elegir a otros tantos herederos. Daley Thompson, oro en decatlón en Moscú y Los Ángeles y amigo de Coe; Kelly Holmes, dos oros en 800 y 1.500 en Atenas, Shirley Robertson, doble campeón en vela en 2000 y 2004; Mary Peters, triunfadora en heptatlón hace cuarenta años en Múnich; Lynn Davies, la mejor en longitud en 1964 y Duncan Goodhew, oro en natación en 1980. Ellos serían quienes escogiesen a esos deportistas que deben seguir inspirando en el futuro el orgullo british, el del país que salió al rescate de los Juegos en 1908 y 1948.
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Minipebeteros. Y de la consulta salieron los nombres del regatista Jordan Duckitt, de la campeona mundial júnior en 200 Desiree Henry, de la corredora de 400 Katie Kirk, del remero Cameron McRitchie, del lanzador de jabalina Aidan Reynolds, el embajador joven 2012 Jordan Duckitt y la atleta de 800 Adelle Tracey. Tomaron la antorcha, la acercaron a los 205 minipebeteros que esperaban sobre el suelo, inflamaron varios y estos se replegaron para dibujar una llama gigante. Un momento extraño que cambió el paso de Pekín, donde el encargado fue el exgimnasta Li Ning, y volvió al de Barcelona, donde el anónimo arquero paralímpico Antonio Rebollo puso a todo Montjuïc con el corazón en un puño.
Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional, no pareció muy contento con la idea de Danny Boyle, diseñador de la ceremonia, o Coe. "Hubiera preferido un olímpico", contestó. Dentro de unos años sabremos si los siete chavales serán también mitos del deporte.