"Os toca a vosotros ganar el oro olímpico"
Veinte años es el tiempo que puede pasar entre el histórico gol de Kiko que supuso el oro en Barcelona 92 y los que ahora aguardan a Adrián en Londres 2012.


Adrián: ¡Qué bonita es la medalla! (se asombra de forma sincera cuando Kiko la saca de la bolsa en la que la lleva para la realización del reportaje). Mejor no tocarla, que dicen que da mala suerte...
Kiko: Han pasado veinte años desde que la consiguiéramos y siempre la tiene guardada mi madre. Mejor. Si fuera por mí ya estaría perdida en cualquier sitio (risas).
A: Es preciosa, de verdad.
K: Sí, muy bonita. Te diría que la cogieras para comprobar lo que pesa, pero tienes razón: a ver si vamos a meter la pata y os mandan para casa antes de tiempo...
A: Ganarla debe ser impresionante.
K: Pues sí. Sobre todo en nuestra época, en la que el fútbol olímpico no era el deporte rey. Además, tuvimos muchos problemas por el tema de las primas y del desfile. En la inauguración vais a disfrutar. Nosotros teníamos a Solozábal, que era de UGT, y presionamos hasta el final para poder ir. ¡Cómo no íbamos a acudir! Estaba incluso el Dream Team. Recuerdo que rompimos el protocolo y nos fuimos directos hacia ellos para hacernos fotos juntos. Va a ser una experiencia única, seguro que no la olvidaréis.
A: Vamos con una ilusión tremenda, desde luego. Ya es bonito el mero hecho de participar en unos Juegos, así que si somos capaces de volver con una medalla será algo que recordaremos para siempre.
K: Y luego está el ambiente. En una Eurocopa o un Mundial se respira fútbol. Pero en unos Juegos se nota una sensación diferente. Se palpa aquello del espíritu olímpico. Estás rodeado de deportistas de toda clase. Seguro que cuando te retires habrás jugado torneos de fútbol del mayor nivel, pero si echas la vista atrás te acordarás siempre de esto. Sigue siendo fútbol, pero le rodea una sensación especial. Seguro que uno de los momentos de tu vida que les cuentes a tus nietos será cuando en el desfile inaugural escuches el nombre de España y salgáis detrás del abanderado. Pensarás que esto no es sólo fútbol, sino que es deporte.
A: Eso nos dicen todos los que han participado. También somos conscientes de que algo así nos va a ocurrir sólo una vez en la vida. Hay que tener suerte de que estés clasificado, de que tengas la edad, de que te llamen los seleccionadores... Los que estamos en Londres somos unos privilegiados. Aranzubía, excompañero en el Depor, siempre me recalcaba que su experiencia en los Juegos de Sydney fue inolvidable. ¡Y eso que perdieron la final! Hay que vivirlo para contarlo.
K: A vosotros os toca ganar el oro, Adri. Tal y como está el fútbol español y la generación que conformáis, es el momento de que nos acompañéis en lo más alto del palmarés.
A: Lo intentaremos. Ganarlo es complicado, lo sabes bien. La clave es ir paso a paso como fuimos en la Eurocopa Sub-21 del pasado año. En estos torneos todos los rivales son muy duros y hay que preparar los partidos contra ellos como si fueran finales. Hay que prepararse muy fuerte.
K: No sé qué os darán a vosotros si sois campeones, pero en nuestra época a los medallistas de oro se les obsequiaba con un Seat Toledo, una nevera y un teléfono móvil, que entonces comenzaban a aparecer. Te puedes imaginar que teníamos una ilusión enorme. Y fíjate que luego nos enteramos de que el coche era por disciplina, no por participante. Es decir, ¡había un Seat Toledo a repartir entre 20! Así que a uno le tocó el aire acondicionado, a otro el parabrisas... (risas). No, en serio. Al final lo acabamos donando a la Cruz Roja.
A: Yo tenía cuatro años entonces. La verdad es que no me acuerdo bien de Barcelona 92. Mis recuerdos futbolísticos son de más adelante. Sí que he visto tu gol decisivo repetido varias veces, pero ni siquiera tengo claro cómo fue. También sé que marcaste dos en la final y que el otro lo hizo Abelardo, asturiano como yo.
K: El gol que nos dio el oro en el último minuto fue lo más cachondo del mundo. Para empezar el árbitro era mexicano y cuando marqué le dije que pitara el final enseguida, que yo venía del Cádiz y no sabía si iba a ganar algo más en mi carrera. Sacaron los polacos y acto seguido señaló el final. No les dejó ni acercarse. Y el gol fue un córner sacado por el Chapi Ferrer, ya ves tú qué hacía un defensa como él por ahí, un intento de un tipo de 1,90 como yo de hacer una chilena que acabó conmigo en el suelo y, después de un rebote de Luis Enrique, un balón suelto que supe empujar a la red. En la celebración me dirigí hacia Ferrer repitiéndole: ¡La que he liao, Chapi! ¡La que he liao!
A: Es que en esos momentos se debe sentir algo increíble. Es histórico. No sabes muy bien cómo reaccionar. Me pongo en tu piel y pienso que algo así es con lo que sueñas desde que eres pequeño cuando le das vueltas a la cabeza en la cama. Tampoco hay que obsesionarse. Las cosas llegan. Lo importante es que el equipo haga un buen trabajo y esté confiado. Es importante que juguemos como nosotros sabemos, porque potencial en el equipo hay de sobra. Estamos convencidos de que si hacemos las cosas de esta manera y como en la Eurocopa Sub-21 del pasado verano podemos hacer un buen papel en los Juegos Olímpicos. Pero sobre todo lo que no nos falta es la ilusión de poder repetir una gesta como la vuestra. Creemos en nosotros mismos.
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K: Estoy convencido de que podéis lograrlo. Ilusión. Esa es la palabra que mejor define lo que siente un país ante un torneo así. Después de la final de Barcelona 92 me junté con mi grupo de amigos en el estadio. Habían venido en el día desde Jerez en un Ford Escort y emprendían la vuelta tras el partido. "Tened cuidado con el coche", les dije. Y me respondieron: "¡Olvídate ahora del coche! ¡Somos medalla de oro!". Así que mucha suerte y al toro. Estamos con vosotros.
A: Muchas gracias. Vamos a intentarlo. Ya hablaremos...