LONDRES 2012 | BALONCESTO

Una cuestión de jerarquía

España doma un ambiente hostil en el París Bercy y sigue sin perder en la preparación olímpica. Navarro volvió con buenas sensaciones y, sin Marc, Pau Gasol e Ibaka decidieron.

Gasol, decisivo en París.
KENZO TRIBOUILLARD
Juanma Rubio
Redactor Jefe de la sección de Baloncesto
Nació en Haro (La Rioja) en 1978. Se licenció en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. En 2006 llegó a AS a través de AS.com. Por entonces el baloncesto, sobre todo la NBA, ya era su gran pasión y pasó a trabajar en esta área en 2014. Poco después se convirtió en jefe de sección y en 2023 pasó a ser redactor jefe.
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Los amistosos son sólo amistosos pero hay amistosos y amistosos. Todos son escalas de preparación en los que las pruebas y las sensaciones importan más que el resultado y todos se quieren ganar pero no en todos escuece perder. Y este, en el deslumbrante París Bercy, era de los que escuece perder. Más a Francia, en el fin de semana del 14 de julio y ante un rival frente al que se le acumulan los complejos. Volvió a perder como hace unos días o como en los dos últimos Europeos. Volvió a perder y llegará a Londres con la sensación de que sólo en circunstancias muy excepcionales podría ganar a España. Y eso al fin y al cabo es otro cuerpo de ventaja sobre un equipo con potencial para estar en la lucha por las medallas. Se llama jerarquía y a esta España, claro, se le cae de los bolsillos.

La Selección además cuidó su imagen en el escenario en el que ganó la plata europea de 1999 días antes de que arrancara el Mundial Junior con el que comenzaron a correr ríos de tinta acerca de unos desvergonzados chicos llenos de talento, la generación liderada por Pau Gasol y Juan Carlos Navarro que forma ya parte de la historia del deporte español y del baloncesto mundial. Los últimos trece años son testimonio. España ganó en un ambiente hostil, siendo mejor cuando jugó bien y no siendo peor cuando marchó a trancas y barrancas. Ganó un partido de atmósfera distinguida y sigue con su reafirmación camino de Londres.

En cualquier caso se jugó sin fuego real pese al ambiente de la grada y a las broncas que salpicaron la segunda parte y que llevaron a la expulsión de Gelabale y Rudy. Francia, que ya va lastrada sin Noah, sólo puso a Batum los cinco primeros minutos por evitar riesgos mientras resuelve el seguro NBA. España jugó sin Marc Gasol, tocado, casi toda la segunda parte sin el expulsado Rudy y sólo seis minutos con Juan Carlos Navarro, que pisó cancha por primera vez en la gira y que dejó buenas sensaciones: seis puntos marca de la casa en menos de seis minutos, los mejores de España en ataque, autopista a un vuelo rasante que bastó para ganar: del 39-33 cerca del descanso al 40-49 cerca del ecuador del tercer cuarto. Un acelerón defensivo y el desatascador de Navarro y Francia boqueando. Después hizo la goma (49-52, 58-62, 68-72…) pero perdió.

Y perdió porque es un equipo con menos talento que España. Pagó su esfuerzo defensivo concediendo trece tiros libres más (8/11 Francia, 18/24 España), naufragó en el rebote (26-46, casi doblado también en capturas ofensivas) y no metió nada desde fuera: lacerante 4/23 en triples que casi hizo bueno el 5/19 de España. De Colo no tuvo el día y Parker no es tan letal cuando juega el pick and roll con Turiaf, que tiene problemas para embocar incluso bandejas prácticamente liberadas. Lo mejor del equipo francés fue un par de destellos de Batum, con su físico difícil de asumir para los aleros españoles, en los minutitos que regaló al público y buenas fases defensivas cuando cerró la intendencia española en la zona. Dio la sensación de que Francia quiso más que España y por eso quedó especialmente claro que tiene menos.

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España probó cosas y movió quintetos. Enseñó al final una zona efectiva y en un día discreto de la línea exterior basó su juego en su exuberante superioridad en la pintura. La albañilería de Felipe (7 puntos, 9 rebotes) y la gestión de soluciones de Ibaka (16+10, la elasticidad habitual en defensa y un día brillante en el tiro desde cinco metros) ribetearon el encanto incontenible de Pau Gasol, un jugador que resulta diferencial en niveles históricos en el entorno FIBA. En menos de 30 minutos anotó 22 puntos, cogió 10 rebotes y ofreció esa sensación de dominio del juego, esa superioridad sedosa pero brutal que descompone a unos rivales que perciben que va a ser mejor cuantos más recursos y fuerzas se empleen contra él.

España ganó en Francia y sigue cogiendo ritmo y tono. Estos partidos, hasta uno de tanto lustre en una pista de tanta significación, son para eso. Ni los triunfos nos vuelven intocables ni una derrota habría sido dramática. No lo fueron ante Lituania o Eslovenia en las preparaciones de los dos últimos europeos. Pero, con Estados Unidos en el rabillo del ojo, conviene que España crezca lo suficiente para afianzarse como lo que tiene que ser: dueña de medalla y aspirante a principal dolor de cabeza de ese monstruo de mil cabezas llamado Team USA. Y en ese camino está el equipo de Scariolo. Que le pregunten a Francia…

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