Golf | Clasificación Mundial

La guerra por ser el mejor golfista del mundo

Desde que Tiger cediera el cetro de mejor jugador del mundo el 7 de noviembre de 2010, cuatro jugadores se han sucedido hasta en seis ocasiones en el número uno del ranking.

El inglés Luke Donald.
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El 7 de noviembre de 2010, Tiger Woods cedía el número uno del mundo por primera vez desde el 6 de marzo de 2005. Entonces empezó una época de orfandad para el golf, donde hasta cuatro jugadores han disfrutado efímeramente de la corona. Lee Westwood, Martin Kaymer, Rory McIlroy y, el actual poseedor del cetro, Luke Donald han sido en alguna ocasión el mejor del mundo durante estos meses. Los cuatro han hecho méritos suficientes para serlo, pero, ¿quién es realmente el mejor golfista del planeta?

Hasta que estalló el matrimonio de Tiger a finales de 2009 por una tremenda trama de escándalos sexuales e infidelidades, nadie dudaba que el estadounidense era el dominador del golf mundial. Las estadísticas le otorgaban casi la mitad de los torneos que jugaba. Además, desde que se hiciera profesional en 1996, el Tigre ha acumulado 631 semanas al frente de la clasificación mundial (el sistema se instauró en 1986 y sólo 16 golfistas lo han estado alguna vez). No dejaba ni las migas para el resto. Sin piedad, el monstruo en que se erigió Tiger, arrasaba. Pero el huracán perdió fuerza y Tiger empezó a sufrir, a vagabundear por los campos. El miedo escénico que destilaba sencillamente desapareció, los bramidos del público ya no hacían temblar a sus rivales y él mismo ya no daba los golpes decisivos cuando los necesitaba. Hasta las lesiones dejaron de respetarle. Tiger cayó del cielo.

Su hundimiento abrió la puerta a una nueva era en el golf. El problema es que nadie optaba realmente a sucederle. Nadie le había discutido desde 2004, cuando lo destronara el fidjiano Vijay Singh. Pero aquel 7 de noviembre de 2010, el inglés Lee Westwood le levantó la silla. El rocoso e impredecible golfista de Worksop llevaba tiempo llamando a la puerta y al final la derribó. Sólo sería el primero de los seis cambios de líder mundial en el último año y medio. Durante cuatro meses, Westwood contempló el golf desde las alturas, hasta que otra maza le despertó.

Martin Kaymer, alemán de 27 años, se coronó mejor golfista del mundo el 27 de febrero de 2011. El teutón conocía de cerca la gloria y el oficio, había ganado el Campeonato de la PGA de 2010, pero no pudo controlar a la bestia. Se sentía más cómodo persiguiendo que siendo perseguido. En apenas dos meses claudicó y entregó otra vez el indomable número uno a Westwood el día que éste cumplía 38 años (24 de abril de 2011). Por aquel entonces también sonaban Luke Donald y Rory McIlroy.

La llegada de Donald

La inestabilidad del golf mundial quedaba patente ante la ausencia de Tiger. Las televisiones bajaron sus audiencias, muchos patrocinadores retiraron subvenciones e, incluso, los propios golfistas reclamaban el regreso de Woods. Pero cuanto más se le esperaba, más se hundía el estadounidense. En ocho meses pasó del primer puesto al 30º y en menos de un año llegó a tocar el puesto 52. Estaba hundido. Mientras tanto, otro inglés, Luke Donald, lidiaba con cierta destreza con el número uno. El 29 de mayo de 2011, Donald, que había pasado su particular infierno de lesiones por la fragilidad de sus muñecas, se colocó como líder de la clasificación mundial tras vencer a Westwood en un apasionante playoff. Durante 40 semanas consecutivas, la mayor racha desde la aparición de Tiger, Donald dominó la escena. El inglés cambió su juego para suplir su falta de potencia y dejar de estar indefenso ante los bombarderos. Ganó tres torneos en cuatro meses. Se le veía fuerte. Pero alguien más se movía en la sombra.

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A finales de junio de 2011, Rory McIlroy, la joya del golf europeo, destrozaba el récord del US Open, el torneo más cruel del golf. Toda una declaración de intenciones. Tras casi un año de reinado de Donald, McIlroy ganó el Honda Classic y le arrebató el número uno, hace apenas dos semanas. Casualmente lo hizo con el mejor Tiger en años como espectador. El norirlandés estaba, y está, llamado a ser el mejor del mundo, pero su liderato ha sido el más efímero de todos. La victoria de Donald ayer en el Transitions Championship, la quinta en un año, le ha vuelto a relegar al segundo puesto.

El inglés no quiere dejar de ser el mejor del mundo, a pesar de no tener ningún major en su currículum, y en dos semanas tiene otra buena opción de demostrarlo. El Masters de Augusta llega como el más emocionante de su casi centenaria historia, con el título de mejor del mundo de nuevo en liza. Y es que, como dice el propio Donald, "el golf está en su momento más dulce". Sólo nos queda disfrutarlo.

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