"Tengo achaques, pero la edad no me vence"
Carlos Soria intentará ascender Annapurna y Dhaulagiri seguidos.


Ser el montañero más veterano en completar las catorce montañas más altas de la tierra. Ese es el objetivo de Carlos Soria, abulense que cumplirá en unos días 73 años, y que cuenta ya con once ochomiles. Sólo le quedan tres y ayer visitó AS, junto con su compañero en la montaña Dani Salas, para explicar la ambiciosa expedición que realizará a partir de marzo en la que aspira, como él dice "si la montaña quiere", a ascender dos encadenados: Annapurna y Dhaulagiri.
Tan exigente que él mismo aclara que hay pocas opciones: "Llevo el permiso para intentar los dos y vamos con esa intención, pero iremos viendo. Nos vamos el 5 de marzo y tenemos los billetes de vuelta para el 7 de junio, pero nos marcharemos cuando yo vea que ya no hacemos nada allí. Y si volvemos con al menos una de las dos cimas, será una gran noticia".
Su primer objetivo, el temido Annapurna, el ochomil con mayor ratio de accidentes que se ha cobrado vidas como las de Iñaki Ochoa de Olza (2008) o Tolo Calafat (2010), por nombrar algunas recientes y cercanas. "Haremos un trekking largo que nos ayudará a aclimatar. Es la primera vez que voy a intentar esta montaña aunque lo sé todo de ella. Entre el campo 2 y el 3 hay una zona muy peligrosa por los aludes", explica Soria. Luego, el Dhaulagiri, que ya ha intentado cuatro veces, la última el año pasado: "Lo bueno es que el campo base del Annapurna está bajo, a unos 4.200 metros, y se puede descansar. Por eso nos planteamos ir después al Dhaulagiri".
Semejante proeza llama mucho más la atención cuando llegan de boca de un menudo y veterano señor de apariencia afable. Pero en cuanto a la talla, Sebastián Álvaro (columnista de AS y creador de Al filo de lo imposible) hace un apunte: "Los alpinistas suelen ser, normalmente, de músculo fino, del tipo de un maratoniano o un ciclista escalador". Pero no sólo por pesar poco se pueden subir ochomiles con 72 años. "Cuido la alimentación y entreno mucho. Vengo de hacer esquí de fondo y ahora me marcho a Noruega a escalar en hielo", cuenta Soria.
Inicios. Carlos creció en el madrileño barrio de El Carmen, en una calle sin asfaltar y en una casa sin agua corriente que iba a buscar en cubos. A los 11 años ya trabajaba acarreando muebles que transportaba por Madrid en un carro de mano. Pero ya soñaba con las montañas mientras escuchaba en la radio las noticias de la primera ascensión al Everest, allá por 1953. "Mi primera experiencia en la montaña fue a los 14 años con mi amigo Antonio Riaño en Guadarrama", recuerda. En sus primeras visitas a las cordilleras españolas resalta las precariedades de la época: "Escalábamos con cuerdas de cáñamo y a los que pesábamos poco nos daban los retazos. ¡Ahí sí que nos jugábamos la vida! También recuerdo que al principio no teníamos cascos. Yo llevaba un gorro de lana con varios pares de calcetines dentro por si los desprendimientos. ¡Qué contraste con la seguridad que hay ahora, que ves a gente con casco por la vía más sencilla! Yo el primero que tuve lo fabricamos con uno de moto". Casco que también necesitaría en su primera visita a los Alpes: "Fui desde Madrid en Vespa. Y no crean, que crucé con ella los Pirineos y todo".
Los Himalayas llegaron, aunque pueda parecer una contradicción, con la edad y la jubilación. "Tenía cuatro hijas y no podía irme dos meses al Himalaya. Había que trabajar en el taller de tapicería. Luego ya tienes más tiempo libre..." Y ahí sigue, con su reto y 72 años muy bien cumplidos: "¿La edad? La llevo como puedo. Me da problemas porque tengo mis achaques... pero la edad no me vence".
Polémicas. Carlos Soria estuvo presente en el Lhotse, montaña donde surgió una de las grandes polémicas del montañismo español entre Edurne Pasaban y Juanito Oiarzabal. Él hizo cumbre y bajó por su propio pie. Fue el único que lo hizo. Sebastián Álvaro da su opinión: "Se ha deportivizado el alpinismo. Antes se medía el esfuerzo y ahora los resultados".
Y surge la nostalgia. Y se recuerda los años cincuenta, cuando Josep Manuel Anglada estaba en la vanguardia de la escalada en España o Bonatti hacía historia en los Alpes. Precisamente Álvaro despierta el debate al recordar una cita que le dijo el gran montañero italiano, para él, el más grande de la historia: "Si hubiera nacido ahora, no habría sido alpinista". Pero Soria discrepa: "Para mí el más grande es Messner, revolucionó todo lo que practicó, la escalada, el himalayismo... Y lo que dijo Bonatti no me gusta. No estoy de acuerdo con los que dicen que otros tiempos fueron mejores. Hay que saber adaptarse. Y no pongo en duda que fue un grande". Para rebatir a Álvaro, da argumentos: "Hay que saber que los tiempos cambian. En mis primeras expediciones el correo lo mandábamos con un sherpa llamado Mail Runner (corredor de correo) que bajaba del campo base corriendo al pueblo más cercano. El año pasado en mi tienda de campaña había wi-fi". Comodidades que también disfruta, en parte, gracias a que al final de su carrera le ha llegado el reconocimiento. BBVA le patrocina, pero la responsabilidad no le presiona. Ignacio Tena, director de comunicación del banco, lo argumenta: "Se patrocinan los valores, no que haga cima". "Si en algún momento se me presiona, yo no participaré", apunta Soria.
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Objetivo. Pronto volverá a Nepal, lugar donde además de escalar intenta devolver en forma de acciones humanitarias todo lo que le ha dado: "En 2010 llevé colchones y mantas a un colegio de un poblado camino del Manaslu donde estuve hacía 37 años. Y se acordaban de mí. En aquella expedición estaba cansado pues cargamos con ellos hasta el pueblo. Pero luego todo salió bien e hice cima. Creo que en aquella ocasión me levanté en la tienda tan contento y con tal satisfacción que me dio fuerzas para lograrlo".
En su próxima expedición espera tener las energías, la suerte y el beneplácito del clima de aquella vez. La necesitará para lograr la proeza que se ha marcado. Sebastián Álvaro le da un último consejo: "Lleva cuidado, amigo". Y Soria, que ronda el medio centenar de expediciones y nunca ha tenido que ser rescatado, revela su innegociable filosofía: "Si la cosa se pone fea, nos daremos la vuelta. Eso lo tengo claro".