Aventura | Montañas envueltas en la leyenda en China

Shangri-La: un mundo misterioso en China

'Más allá del Everest' tuvo por objeto reivindicar a alpinistas como Mummery, Bonatti o Messner y reconocer cuatro montañas en el límite de las provincias de Sichuan, Qinhai, Yunnan y Tíbet.

Shangri-La: un mundo misterioso en China
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Hubo un tiempo en el que internarse en las altas montañas era entrar en un mundo mágico, ajeno y temido, poblado de dragones, dioses y demonios. Poco a poco, este mundo fue colonizado, transformado y urbanizado, ganando parcelas de confort y perdiéndolas de incertidumbre y grandeza.

Y las leyendas se fueron recluyendo en las altas cordilleras de Asia donde, de vez en cuando, desgarrando la niebla que envuelve sus cimas, aún surgen montañas sagradas y misteriosas. Son los últimos reductos de aquel planeta bello y desconocido donde los alpinistas pueden encontrar el mejor terreno de juego, repleto de incertidumbre y soledad. Como en los viejos tiempos.

La idea original se la debemos a mi buen amigo el geógrafo Eduardo Martínez de Pisón, y mi compañero Ricard Tomás, gran conocedor de China, que se empeñó en convencerme para hacerla realidad. Se trataba de explorar cuatro de estas montañas en el límite de las provincias chinas de Sichuan, Qinhai, Yunnan y Tíbet. Bautizamos a nuestro proyecto Más allá del Everest, pues queríamos reconocer, para más tarde escalar si fuera posible, montañas en su día consideradas más altas que el propio Everest: el Amne Machen (6.282 m.), el Meili (6.840 m.), el Nevado del Dragón de Jade (5.596 m.) y el Minya Konka (7.556 m.).

Religión.

A comienzos de siglo, y hasta la Segunda Guerra Mundial, a varias de estas montañas se les adjudicaron medidas asombrosas que rozaban los diez mil metros de altitud. Todas ellas, además, forman parte del universo religioso tibetano. Siempre me ha asombrado y conmovido el universo pragmático y supersticioso al mismo tiempo del budismo tibetano. Las oraciones inscritas en los más extraños soportes repiten incesantemente la jaculatoria "Om Mani Padme Hom", algo así como "Salve la Joya en el corazón del Loto", un mantra inscrito en molinos de oración, que puede mover el agua o la mano del peregrino, grabado en piedras mani al borde de los caminos o en banderas de oración y en un sinfín de objetos. Entrar en este territorio es entrar en un lugar sagrado. Hay que respetarlo. Si alguien tiene dudas basta con ver el estado actual del collado sur del Everest, lleno de desperdicios y botellas de oxígeno.

Espíritu clásico.

Nos apetecía recuperar el espíritu de esos exploradores, geógrafos y cartógrafos que, desde finales del siglo XIX, se empeñaron en desvelar los últimos espacios en blanco de Asia central. También pretendíamos reivindicar ese alpinismo de ilustres montañeros, desde Alfred Mummery a Walter Bonatti o Reinhold Messner. Además, después de la desastrosa imagen que en los últimos tiempos ha proporcionado la escalada, queríamos transmitir sensatez y los valores del montañismo clásico que, por cierto, es el que practican la mayoría de los que aman este deporte. Pienso que montaña, aventura y exploración, es decir dificultad, soledad y belleza, deben ir unidos. A cambio, la montaña exige esfuerzo, coraje, sacrificio, labor de equipo y solidaridad. Y nos pusimos en marcha.

¿Quién no recuerda la leyenda Shangri-la, la mítica ciudad tibetana perdida entre altas montañas inaccesibles? Hoy en día es una realidad. Las autoridades chinas han decidido dar este nombre a uno de los pueblos más bellos y remotos de la provincia de Yunnan, recordando el mítico enclave de la película Horizontes perdidos. Hasta allí nos llevamos la película de Frank Capra, basada en la novela de James Hilton. En este mítico lugar el viajero perdido debería encontrar, además de una larguísima y feliz vida, el idealismo, la bondad y los principios éticos de la humanidad. A falta del verdadero sueño, disfrutamos de la copia, bastante parecida al decorado de la película, algo en lo que, como es bien sabido, los chinos son maestros.

¿Diezmiles?

Fue Martínez de Pisón quien nos alertó sobre noticias que, en la década de 1930, apuntalaban la posibilidad de que hubiera montañas que superasen los 10.000 metros de altitud.

Más tarde un piloto norteamericano en los años cuarenta afirmó haber descubierto una montaña de más de 10.000 metros. Afirmó que, de repente, surgió un pico cuya cumbre era mil metros más alta que su cota de vuelo, 9.000 metros. ¿El K2? Hoy sabemos que su altímetro iba sin duda mal calibrado, pero el desafío de una nueva montaña más alta que el Everest reaparecería.

Pero quien jugaría un papel destacado fue el conocido explorador Joseph Rock, que enviaba sus artículos a la National Geographic. Así que, siguiendo su periplo, primero visitamos y reconocimos el Amne Machen (algo así como "el más alto y divino") en la cordillera del Kunlún, al que Rock otorgó la cifra de 30.000 pies (más de 9.000 m.). Tomamos buena nota de las dificultades y sólo un mes después nuestros compañeros Ramón Portilla, Ricard Tomás, Juanjo San Sebastián y el tibetano Joe Nampar alcanzarían una de las principales cimas de esta montaña tan envuelta en misterio que no sabemos si fue la cumbre más alta u otra 14 metros más baja. Para resolverlo estamos dispuestos a repetir el año que viene. Igual que esta vez, respetando las creencias tibetanas, nos mantendremos a distancia de la cima para no enfurecer a los dioses. Algo que desde luego no hicieron los 18 alpinistas chinos y japoneses en nuestra siguiente montaña, el Meili, o Kawa Karpo en tibetano, que en 1991 desaparecieron en un alud. Probablemente la tragedia más importante en la escalada de una gran montaña. Por último visitamos las dos que nos restaban. El Nevado del Dragón de Jade es un parque temático con teleférico, donde los recién casados suben a hacerse fotos de boda.

Última parada.

Y nos dirigimos al majestuoso Minya Konka. Desde el pueblo de Moxi a su cima hay un desnivel de 6.000 metros, en uno de los más grandes taludes de la superficie terrestre. Sin duda, la más difícil y peligrosa. Su estadística, aterradora: han subido apenas 22 personas mientras que 21 han perdido la vida en sus laderas. La exploramos, estudiamos las posibilidades de escalada, hablamos con los tres únicos monjes que quedan en su monasterio, al pie de su glaciar, y nos volvimos a España. Quizás sea un poco atrevido decirlo ahora, pero espero que volvamos pronto a tratar de resolver el último misterio de esta parte del mundo.

Hilton, Capra y una película

James Hilton escribió en 1933 Horizontes perdidos, novela que popularizó la leyenda de la ciudad de Shangri-La y que encandiló al mítico director de cine Frank Capra, quien la llevó al cine en 1937 tras pelear por hacerse con sus derechos. Fue la producción más cara de la época (más de dos millones de dólares).

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La maldición del Kawa Karpo

A finales de 1990, un grupo de alpinistas de la Academia de la Universidad de Kyoto (Japón), se unió a un grupo chino en su intento de subir al Kawa Karpo. Su expedición fue muy criticada por la comunidad tibetana, para la que la montaña es sagrada. El 3 de enero de 1991, un alud acabó con la vida de todos.

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