Olimpismo | La intrahistoria

Lutz Long evita la eliminación de Owens en el salto de longitud

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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El martes 4 de agosto de 1936, a 20 grados escasos de temperatura, con el sol en fuga ante las nubes y el viento del Báltico, Jesse Owens negociaba las eliminatorias de 200 metros y salto de longitud. En 1936, la longitud aún tenía dos cribas antes de la final: cuartos y semifinales.

Los cuartos empezaron con shock: los jueces marcaron nulo un primer salto de calentamiento de Owens, al trote: en Europa se ignoraba la costumbre que ya había en América de calentar con esos saltitos. Owens (que ya tenía 8,13) discutió con los jueces, se puso nervioso y se atascó en 7,10 en el segundo intento: la mínima para semifinales era de 7,15. Desorientado entre la multitud rugiente, Owens escuchó una voz en inglés fracturado: "¿Qué te quita la comprensión, Jazzee Owenz?" Era Lutz Long, el gran favorito de Alemania. "Es facilísimo", prosiguió Long. "Marca tu batida a un pie de la tabla, bate desde allí y pasarás fácil", sugirió Long a Owens, quien siguió el consejo, saltó cómodamente 7,30, agradeció a Long en alemán ("Danke") y en la final batió a Lutz: 8,06-7,87. No se volverían a ver. Long murió en la II Guerra Mundial. En 2009, sus nietos, Kai Long y Marlene Dorch, recibieron un homenaje en Berlín.

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