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Daimiel: "Como el Gordo y el Flaco, así éramos Montes y yo"

TELEVISIÓN

Daimiel: "Como el Gordo y el Flaco, así éramos Montes y yo"

Digital+ los unió y los convirtió en casi hermanos. Daimiel y Montes formaron durante once años una extraña pareja que calaba. Antoni recuerda sus mejores momentos, lo que nunca olvidará de aquellas madrugadas NBA.

Qué pareja hacían. Usted tan serio; él tan torbellino...

Éramos muy diferentes, pero conectamos. A él le apasionaba todo lo americano, su cine, su música..., yo era de otra generación. En la primera etapa, como él llevaba la transmisión, yo me apoyaba en los datos y a él le encantó, me daba mucha cancha. ¡Si a mi familia la hizo famosa de tanto repetir mi apellido!

¿Y usted se reía? Aparecía siempre tan serio...

Sí, sí, muchísimo. Yo quería mantener mi papel ante las cámaras, pero cuando nos íbamos a publicidad me rendía a la risa, hasta que volvíamos... Yo, recuerdo, que muchas veces él hablaba y yo trataba de tomarme en serio conversaciones que sabía, eran, absurdas. De manera inconsciente creamos una pareja tipo Tip y Coll o el Gordo y el Flaco.

Y calaron entre los aficionados NBA...

Sí, entrábamos en los salones de la gente, de noche, con transmisiones de tres horas y muchos tiempos muertos para rellenar. Ahí, él brillaba. En el fútbol no hay tiempos muertos y, como él decía, "tenía menos oportunidades de vender su moto". Pero es mentira que no le gustara. Era un gran aficionado. Fíjate si lo era que, esta temporada, se abonó a Canal+ Liga y a Gol TV, a los dos, para no perderse ningún partido que le interesara.

¿El mote que más gracia le hizo de todos?

El de Adivina quien viene esta noche, por Denis Rodman. Qué risa la primera vez que lo dijo...

Estos días le habrán vuelto muchas anécdotas compartidas...

Sí, recuerdo una, en un hotel de Los Ángeles. Él antes de salir a cualquier sitio recogía la habitación y la dejaba impecable, como desocupada y, aquella vez, las señoras de la limpieza, en efecto, pensaron que estaba libre y recogieron su neceser, lo único a la vista, para llevarlo a objetos perdidos. Cuando volvimos, llegó a mi habitación y me dijo: "¡Que me han entrado y me han robado el neceser!". ¡Ay, hasta que aclaramos el lío...! (Risas). Recuerdo otra, ésta en Nueva York, donde Andrés descubrió una tienda de pajaritas que le encantó y se compró veinte. Me las enseñó, me dijo: "¿Te gustan?". Y al día siguiente fue ¡y se compró otras veinte! Le gustaba vestir impecable. Fíjate a las horas a las que retransmitíamos y él aparecía siempre, planchado, impecable, ¡cómo recién levantado!

¿Él era como en la tele?

No tanto. Él se tomaba la profesión como si fuera un artista, como un show.

¿Cómo cree que recordará el público a Andrés Montés?

Por las reacciones que ha tenido la gente estos días, está claro que será un recuerdo fantástico. El de un comunicador diferente. Y es que él tenía la capacidad de meterse en los salones de familia para quedarse ahí. Involucraba a la gente en lo que hacía, lo logró con la NBA.

¿Y cómo le recordará siempre Daimiel?

Con añoranza. Como a un genio. Ahora siento un gran vacío. Hablábamos casi todos los días, pero para comentar cualquier cosa. El 80% de las veces me llamaba él y me decía: "Pon tal canal, mira lo que ponen y ahora te llamo". Él era así. Cuando me enteré de su muerte me quedé frío, no daba crédito. Me fui a su casa para estar junto a su familia y allí, junto a dos amigos, decidimos hacerle un homenaje. Él me había contado que cuando estaba en Antena 3 Radio comía en un VIPS cercano a su casa, así que fuimos y pedimos lo que él hubiera pedido: Coca-Colas lights con mucho hielo y otra jarra de hielo. Yo, aparte, pedí un sandwich con fatatas e, imagina cómo había calado Andrés en la gente, que el camarero ni se dio cuenta. "Con patatas, sí", dijo y se fue.