España salva la dureza de Cuba con goleada
Rivera: "El arbitraje es un dolor para cualquiera".

Lo mejor del segundo partido de España es que no hubo lesionados. Que iba a ganar, se sab que iba a golear, se intuía y prácticamente era una apuesta que la diferencia no bajaría de los 20 goles, como así fue. Por eso Valero Rivera apareció echando pestes de los árbitros: "Estoy satisfecho por el juego que hemos desarrollado y porque no hemos sufrido lesiones, que tal como han puesto el nivel los dos árbitros brasileños ha sido una suerte para nosotros. No entiendo que en un Mundial padezcamos este arbitraje, que es un dolor para cualquiera que lo vea". A un entrenador de postín tiene que dolerle que en una anécdota de encuentro le puedan romper a Perales (golpe en la cara que le hizo sangrar), o a Rocas (golpe en un brazo en los últimos segundos que casi acaba en tángana), o a Entrerríos. Todos sufrieron unos viajes a destiempo del inexperto y alocado conjunto cubano, todo ardor más allá de la calidad de unos jóvenes que actúan sin control en un deporte tan duro como el balonmano.
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España ganó con el mismo esquema: dos equipos de seis hombres y 15 minutos de cada mitad para cada uno de ellos, sin relevos ataque-defensa, sin variaciones, sin nada más allá de los cambios defensivos (España acabó en un 6-0). Sólo Ruesga jugó algo más, porque en una inferioridad él ocupó en ataque el pivote de Andreu.
Se mantuvo la apuesta por la velocidad, robar balones y a correr. De ahí que más que la primera línea fuesen los extremos los que tuviesen su día. Salvo unos minutos de ansiedad por meter más goles en la segunda parte, en la que se perdieron demasiados contragolpes por malos pases, nada se salió del guión. Así de sencillo para los nuestros, con Juanín postulándose, como se preveía, para máximo artillero del Mundial.
