El gigantesco AlainBernard ganó en 100 libre a Sullivan
Y luego hizo esperar a Sarkozy
Esta vez, Alain Bernard, el gigantesco gendarme de Antibes, estaba feliz. Tan feliz, que, tras ganar el título olímpico en 100 libre, se marcó uno de esos discursos sardónicos que tan caros salieron al equipo francés en el 4X100 libre ante los EE UU de América y de Phelps. "Me ha llamado el presidente Sarkozy, claro. Pero le hecho esperar, le he dicho que estaba ocupado. Bueno, al final me he puesto. Me sentí como un campeón mundial de fútbol".
Bernard es un Tarzán, pintoresco e imponente. El torso parece que le va a explotar cuando se despoja de la parte superior del corsé que es el bañador LZR Racer. En el Grupo Especial de la Policía, las camisas se las hacen a medida.
Tras el tiroteo de récords con Eamon Sullivan en semifinales, Bernard prometió una nueva plusmarca mundial en la final. No hubo. Los 47.21 que dieron el oro a Bernard fueron una centésima por arriba de su registro de semifinales. Sullivan pasó primero por 50 (22.32), pero pinchó y atrapó plata en 47.32, contra su record de 47.05 en semis. Lezak, que se dedica a mandar 'e-mails' a los periodistas que ensalzan la velocidad de Phelps ("el mejor sprinter de América creo ser yo"), acabó compartiendo el bronce con el brasileño Cielo Filho: 47.67 para ambos. Y quinto, pero ya con el tiempo pisándole los talones, y con sabor a vieja gloria, Pieter Van den Hoogenband.
Jornada negra de los españoles y bronca final
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La natación española vivió ayer una jornada desastrosa con la eliminación de todos sus nadadores: Javier Noriega, en los 50 libre; Erika Villaecija, en los 800; Rafael Muñoz, en los 100 mariposa; y Escarlata Bernard y Lydia Morant, en los 200 espalda.
Erika Villaecija lloró amargamente y se multiplicaron las declaraciones altisonantes. En cinco días sólo ha habido un finalista, Aschwin Wildeboer en los 100 espalda, que ha anunciado que se va Australia. Ayer Escarlata Bernard, eliminada en los 200 espalda, cargó contra el director técnico de la Federación Española, el italiano Maurizio Coconi: "No es una persona para hablar bien de él. Desde el principio ha ido a saco a por mí y a por mi entrenador". La benjamina, Lydia Morant, tampoco se mordió la lengua: "Pensaba que se miraba a todos por igual". Un ambiente resumido perfectamente por la nadadora Arancha Ramos: "Aquí cada uno va a lo suyo".