Phelps se jugará con Crocker batir el récord de Mark Spitz
Esta madrugada (4:07) disputará la decisiva final de 100 mariposa


Ian Crocker, un chico lánguido y desmadejado, de Portland, Maine, es la penúltima estación donde Michael Phelps debe mostrar su ticket para la gloria. Crocker, plusmarquista mundial de 100 mariposa, ya ha dado algún disgusto sonoro a Phelps, como en la final del Mundial de Barcelona 2003. Pero Phelps ha ganado a Crocker las cuatro últimas veces que se han medido, aunque no por mucho. Sasha Popov y el mismo Mark Spitz insisten en que la superioridad de Phelps reside ya en "el estado mental". Hay más ...
Por recapitular: hasta la final de 200 estilos de la pasada madrugada, Phelps sumaba cinco oros en Pekín y, desde Atenas 2004, un total récord de once. De no suceder algo parecido a la resurrección de Mao, el 200 estilos debiera ser el sexto título olímpico de Phelps en los Juegos de China. El séptimo, el del empate a oros con Spitz dentro de unos mismos Juegos, debería llegar en la final de 100 mariposa, madrugada española del sábado. Y el octavo, en el relevo 4X100 estilos del domingo que cerrará el programa de natación en línea. El equipo ideal estadounidense en el "cuatro estilos" se antoja irresistible: Peirsol, Hansen, Phelps y Crocker. ¿Crocker?
El chico educado de Maine, entrenado en Texas-Austin por Ed Reese, el seleccionador de EE UU, mide 1,96 (Phelps, 1,91), lo que le genera beneficios naturales en cualquier llegada apretada, y más en la extensión final de la mariposa. Crocker, amante de los coches y motos de época (Buick Riviera, Triumph) tiene el récord mundial de 100 mariposa en 50.40 y maneja un problema de frustración ante Phelps, que, desde Barcelona 2003, le gana en cada gran cita.
Inteligentemente, cuando Crocker fracasó en el 4X100 libre de Atenas, Phelps, que le había batido también allí en la final de 100 mariposa, cedió a Crocker la titularidad en la final del 4X100 estilos. Con eso, Phelps, capitán del equipo de EE UU, no perdía aquella medalla de Atenas, (que había firmado nadando las previas) pero ganaba la amistad eterna del suave Crocker. Tras Atenas, Phelps y Crocker grabaron juntos un DVD sobre su rivalidad ("Filtered") y juntos montaron una gira de exhibición.
Fuerza mental.
La superioridad mental de Phelps que irrumpe eléctrico, un torpedo humano operado por el hábil Bob Bowman, se antoja incuestionable: "Aún me quedan energías en el tanque; las voy a necesitar", anticipa Michael. Aún peor para Crocker, su comportamiento en las series de ayer distó de ser prometedor: se metió en semifinales con 51.95, un registro lamentable: sólo hubo tres peores entre los 16 clasificados. Phelps, al ralentí, perdió su serie ante el serbio Cavic (50.87, 50.76), pero hizo lo bastante para nadar en la calle cuatro de la segunda semifinal, la calle buena, escoltado por Jason Dunford (51.14), uno de los blancos hermanos kenianos de Stanford y de Nairobi. El tiempecito de Crocker le llevó a ser destinado a la "perrera" de la calle uno, en la primera semifinal. Algo hay más claro que nunca: sólo el suave Crocker y el oro de 100 mariposa separan a Phelps de su mayor trofeo: el octavo oro, esa medalla que va a afeitar el bigote de Mark Spitz.
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