Pekín 2008 | Natación

España prueba el Cubo de Agua por primera vez

El equipo de natación dejó Japón y ya está en Pekín

Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
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El equipo español de natación saboreó por fin el agua de Pekín. Tenían ganas de estar en China, no en vano es aquí donde se disputan los Juegos, tras dos semanas de entrenamientos en la ciudad japonesa de Amagasaki. Ayer, a eso de las cinco de la tarde, llegaban por fin a la Villa Olímpica. Pero apenas descansaron. Rápidamente al Water Cube, la que será su casa, el lugar en el que deben caer las medallas. "Teníamos ganas de estar aquí, de probar la piscina. Hemos venido sólo para desentumecer un poco el cuerpo y relajarnos después del viaje", comentaba Nina Zhivanevskaya. Ella afronta sus quintos Juegos Olímpicos (cuatro con España y uno con la Confederación de Estados Independientes, CEI), aunque reconoce que se "contagia" con la ilusión de las más jóvenes. Y el Water Cube la da buenas sensaciones. Le recuerda a Eindhoven, el triunfal Europeo, y eso es bueno. "Me recuerda no sé si por cómo está ubicada la piscina de saltos. Pero me he sentido muy cómoda, al igual que me ocurrió en Holanda", decía. En Eindhoven cayeron 12 medallas del lado español. Nos conformamos con la mitad.

Entre nuestra nueva hornada apuestas de medalla como Erika Villaecija o Mireia Belmonte. Todas ellas probaron el agua de este Water Cube que cuentan -cualquier día me meto a medir- tiene algo más de profundidad que otras piscinas. Carlos Subirana, preparador de Belmonte, habla de 2,10 metros. Algunos dicen que algo más, incluso las malas lenguas apuntan que se ha hecho a propósito para que las competidoras de natación sincronizada no puedan ayudarse en los ejercicios. En ese caso, si la piscina tiene mayor profundidad, afectaría a las marcas en natación, que serían sensiblemente más lentas.

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Ganas.

Pero eso es literatura y la tinta bajo el agua se pierde. Lo único claro es que los 26,9 grados del agua que ayer reflejaba la documentación de la piscina olímpica no hizo tiritar a nuestros olímpicos como hace una semana ocurría con Mengual y el equipo de sincronizada. Lo que menos importa es la temperatura; lo que más, las ganas. "Vengo a arañar lo que pueda, aunque está caro. Voy a luchar para meterme más arriba", nos decía Brenton Cabello antes de iniciar la sesión. Fue breve, 45 minutos ordenados por Maurizio Coconi, el jefe. Ya habrá tiempo de transformar esta piscina en el medio que nos haga felices.

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