Tenis | Final del Open de Australia

Tsonga conmueve con la memoria del gran Ali

Jo-Wilfried Tsonga y Novak Dkojovic disputan hoy una final inédita en el primer Grand Slam de 2008, el Australian Open. Tsonga y Djokovic nunca se han enfrentado. Eliminaron a Nadal y Federer. Y Tsonga ha hecho algo todavía mejor: recuperar la memoria del gran Muhammad Ali.

<b>'FLASHBACK' DEL RECUERDO. </b>Los gestos del joven Tsonga encierran todos los recuerdos del joven Ali.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

En una casita de Berrien Springs, Michigan, quizá la presencia de Jo-Wilfried Tsonga, el gigante francoafricano de rizos ensortijados despierte un recuerdo de dos sílabas en esa mente genial atrapada por el Parkinson: "Ali Boma-Ye". Hay, sin duda, un hilo invisible que une esa casita de Berrien Springs donde reposa Muhammad Ali, el mejor deportista del Siglo XX, con el Rod Laver Arena de Melbourne: donde Jo-Wilfried Tsonga, ese gigantón de sangre congoleña anda asombrando al mundo...

Estos días, Tsonga se ha hartado de contestar las preguntas que le relacionan con Muhammad Ali. En estos tiempos y en este deporte, el tenis, esas preguntas no salen de los labios de Norman Mailer, George Plimpton o Jim Brown, como pasaba con Ali en el otoño de 1974, en Kinshasa.

Pero aquí no hay puntada sin ese hilo invisible: Didier Tsonga, el padre de Jo-Wilfried, fue desde su casa de Brazzaville hasta Kinshasa sólo para estar en el sagrado Ali-Foreman de octubre de 1974; cuando 80.000 congoleños, guiados con una fuerza telúrica, gritaban a pulmón roto en el Stadium 20 de Mayo, Kinshasa: "Ali Boma-Ye". "Ali, mátale". Didier Tsonga capturó fotos y souvenirs, esa noche de tormenta. ¿Fue uno de aquellos souvenirs un regalo divino, un soplo del N'golo, el alma congoleña del gran Muhammad...?

De algún modo, el N'golo, el alma de Ali en Congo, entonces Zaire, ha ido guiando a Tsonga a través del tiempo: esos gestos de showman, esa coordinación de pegada y belleza estética en un cuerpo de gigante, veloz e insultantemente coordinado para su talla y calibre (1.88, 90 kilogramos). "Las mujeres dejan escapar un suspiro audible cuando le ven (a Ali)", escribió Mailer. Pero si hasta las dimensiones del finalista de Melbourne coinciden casi milagrosamente con la del cuerpo de 65 años que alberga esa mente genial, allí en Berrien Springs...

Las sílabas.

Ahora, en esta final, toca a Tsonga ser fiel a su talante y a la expectación que despierta. Nadie entendería un repliegue del hijo de Didier ante el arsenal serbio de Nole Djokovic: como nadie hubiese entendido un abandono del joven Ali ante Liston. "Creo que nos parecemos, Ali y yo, en nuestra personalidad y en la forma de entender nuestro deporte. Diría que mi tenis es el mismo que su boxeo", asumió ayer este Tsonga, destructor de Nadal y héroe supremo para L'Equipe, para Francia, para el presidente Sarkozy...

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Al fondo parece asomar la sombra de Archie Moore, que instruía a Ali: "El boxeo son sílabas, hay que comprenderlas una a una". ¿Tiene Tsonga a su lado algún Archie Moore...?

Por esa memoria de Muhammad Ali, Tsonga está obligado a comprender las sílabas del tenis. No quieran descifrar el saludo que Tsonga dedicará a Djokovic. No es preciso. Será esto: "¿Estás listo, Nole? We're going to dance, vamos a bailar". Y en Berrien Springs, esa mente genial, Muhammad Ali, repetirá aquello que le dijo a George Foreman: "We?re going to dance, George".

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