La Selección española se suicida ante Suecia
El ataque ganador final se convirtió en derrota

España sufrió ayer el peor de los desenlaces que haya jugado en los últimos tiempos. Una película de terror de noventa segundos en la que el protagonista va superando todos los imponderables para caer de manera trágica cuando parecía que superaba con éxito todos los horrores. En ese tiempo (26-26) pasó de todo: exclusión de Alberto Entrerríos; penalti detenido por Hombrados; exclusión forzada por Iker Romero en amenaza de pasivo. Y entonces, a ocho segundos del final, con empate y posesión, España retira al portero para utilizar a Juanín en la superioridad. Era la última acción, la de ganar para seguir vivos. Pues bien, Mariano Ortega, el hombre añorado ante Francia, se salió del sistema y lanzó antes de tiempo; paró Svensson con facilidad, sacó el contraataque y sin portero marcó Kallman. A llorar, a casa, adiós.
El resto del partido es un condimento de ese final en que se pasó por el optimismo de llevar cuatro goles de renta, a entrar en la recta final sumidos en la agonía (24-26), a vivir (27-27 y balón) para morir desangrados.
En un choque de esas características la Selección debió sentenciar. Tenía en sus manos arrollar a los suecos y no lo hizo. Romero demostró que es un tipo competitivo, pero sin estado de gracia; Alberto Entrerríos peca de generoso; y así uno por uno. Entre los que se salvaron ayer, Hombrados (gran actuación) y Juanín García (falló lo justo). A todos los demás se les puede poner un pero. Y sumados todos esos peros condujeron a un desenlace mucho más amargo que una derrota clara.
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