Campeonato europeo | España 30 - Alemania 22

Festival ante Alemania

España pasa segunda y le esperan Francia, Suecia e Islandia

<b>INTENSIDAD MÁXIMA. </b>Julen Aguinagalde se fajó con la defensa germana. Ni Roggisch ni Baur pudieron con él en esta jugada.
Enrique Ojeda
Actualizado a

Por fin un partido como el que todos los aficionados deseaban ver a la Selección, una exhibición de juego en la más amplia acepción del término: ataque, defensa, estrategia y táctica. Todo funcionó a las mil maravillas para que España superase a Alemania como una apisonadora, la destrozase en la pista, y se apuntase una victoria con un valor incalculable, porque la mete en la segunda fase por la puerta grande, con dos puntos ante un rival directo, y con una diferencia de goles que prácticamente deja a los germanos totalmente indispuestos en cualquier posible empate a puntos futuro con los nuestros.

Se intuía en el ambiente que, como canta Serrat, hoy (ayer) podía ser un gran día. El calentamiento de los dos equipos daba pistas. Cuando ambas selecciones esperaban a que sonasen los himnos nacionales, Davis saltaba, Asier Antonio era un manojo de tensión, Hombrados se movía sin parar Los alemanes no: se saludaban, se sonreían, se miraban, y hasta alguno se atusaba la cabellera. Unos estaban y otros no.

Y se vio en el partido. Alemania estaba destrozada en su primera línea, inservible e inutilizada, con Davis anulando a Hens, que lanzaba contra un inspirado Hombrados (soberbio), o asustaba a las gaviotas escondidas en los nidos del pabellón. Horror de Alemania, que sólo tenía una vía ofensiva en estático: balones al pivote Klimovets, que nos hacía una avería por el centro.

En la segunda parte se corrigió el error entre Asier Antonio y Garabaya o Aguinagalde, se dio un paso al frente en aceleración, Mariano Ortega se mostró brillante en defensa y contagió al resto. Fue cuando Alemania entró en barrena, cuando no encontraba aire para respirar. Atosigada, se rindió. De hecho, en quince minutos sólo había logrado tres goles.

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Pero es que el ataque español funcionó, dando una extraordinaria continuidad al juego que se creaba a partir de Alberto Entrerríos y el central. Primero fue Rocas quien marcaba con facilidad, y cuando Fritz le controló en la segunda parte apareció Juanín García, hasta ahora perdido, que sacó el repertorio de sus toques de lujo. No es que lograse goles, es que eran obras de arte.

No se consumó el día perfecto porque Hungría ganó a Bielorrusia, pero no importa tanto. Ahora los internacionales de la Selección vuelven a sentirse fuertes, capaces de todo. Ya no meten tanto miedo Francia, Suecia e Islandia. Que pasen por ese orden a partir de mañana en Trondheim.

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