Polideportivo | Olimpiada de la Selva

La Olimpiada de la Selva reunió a mil indígenas

En la sexta edición hubo 40 etnias de Brasil, Canadá y Australia

La gente disfrutó de las pruebas realizadas.
Ángel Cruz
Redacción de AS
Actualizado a

De lo más profundo de la selva amazónica llegaron a Olinda, en Pernambuco, mil indios de 40 tribus brasileñas para participar en los Juegos de los Pueblos Indígenas. De allí llegaron rikbatskas, assurinis, aikewaras, pataxos, karajás, xerentes... Y también indios de Canadá o aborígenes australianos.

"No venimos para competir, sino para educar al hombre blanco, para rescatar nuestras tradiciones y nuestros deportes ancestrales. Y para conocernos más entre nosotros", dijo Marcos Terena, un prominente líder indígena brasileño.

Se alojaron en una gran aldea comunal, en la que recibieron comida cinco veces al día, mientras participaban en esta fiesta de exaltación de las propias raíces.

Probaron su velocidad sobre los 100 metros y su resistencia sobre los cinco kilómetros. Su fuerza en la sogatira, un equipo a cada lado de una gruesa maroma.

Su puntería con el tiro con arco y el lanzamiento de jabalina, siempre con un pez dibujado como diana, que al fin y al cabo los indios de la foresta son cazadores y pescadores, más que agricultores.

Natación.

Enseñaron sus habilidades natatorias y su potencia a la hora de empujar sus canoas con los remos en el agua atlántica, esa por la que vinieron los colonos portugueses del siglo XVI, que, comandados por Duarte Coelho Pereira, fundaron la ciudad de Olinda en 1535.

Algunos indios del interior veían el inmenso océano por vez primera en su vida. Lo que en otro tiempo fue un sueño azul más allá de la intrincada selva esmeralda, se abrió ante ellos en toda su majestuosidad interminable.

Sobre la arena de la playa de Bairro Novo (Barrio Nuevo) cargaron troncos cilíndricos de palmera, llamados toras, y disputaron carreras con ellos sobre el hombro. Velocidad y potencia, todo en uno.

¿Y fútbol? Por supuesto. En Brasil no puede faltar el fútbol, de ninguna manera, aunque sea en una playa y con toscos balones de trapo. O con pelotas de látex en una variedad llamada xikunahity, en la que sólo se permite marcar goles con la cabeza.

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Hombres, mujeres y niños, participaron en la fiesta indigenista, que incluye también extrañas (para nosotros) danzas rituales, exhibición de cómo se puede embellecer el cuerpo humano con admirables tatuajes, ferias artesanales...

Algunas de esas cuarenta etnias se encuentran al borde la extinción. Por ejemplo, los assurini, contactados por primera vez por el hombre blanco en 1971 y cuya población se asegura que sólo llega a 106 personas, entre ellos 33 mujeres, 18 hombres y 55 niños. Con el deporte reivindican su existencia.

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