Michael Franzese

"La ATP y la NBA están sitiadas por las apuestas"

Michael Franzese (Brooklyn, 1951) es hijo de Sonny Franzese, de la familia mafiosa de los Colombo. Fue encarcelado por actividades mafiosas. Ahora, la NBA y la ATP recurren a su experiencia para prevenir las apuestas ilegales. Franzese recibió a AS en un hotel de Chicago.

"La ATP y la NBA están sitiadas por las apuestas"
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Por lo que sabemos, usted, Michael, experimentó algo que se parece a una "resurrección" o un "nuevo nacimiento", tras finalizar en 1996 su condena por chantaje y actividades mafiosas. Ahora vive en Los Ángeles con su familia y su esposa latina, Camilla Garcia. Creó una fundación, 'Breaking Out', encaminada a advertir de los peligros del juego y las apuestas. ¿Cómo empezó todo?

En 1995, cuando faltaban seis meses para cumplir mi condena, me reuní con las autoridades penitenciarias para discutir eventuales salidas laborales. Qué podría hacer cuando regresara a la vida normal, antes de volver a la calle, donde, con bastante probabilidad, me iban a matar. Dos agentes del FBI me hablaron de que las grandes ligas de béisbol, la NBA y la Liga de hockey sobre hielo, la NHL, estaban buscando gente convincente para un vídeo conjunto promocional sobre los riesgos del juego y las apuestas. Me dijeron que me convenía, y acepté. El vídeo fue un éxito de impacto y generó unos 250.000 dólares de beneficio para NBA Properties. A partir de ahí, la gente empezó a interesarse en mi historia

(Franzese, pequeño, ágil, de mirada viva, da sorbos al café en el comedor del Hotel Hilton Gardens, en el suburbio acaudalado de Hoffman Estates, 50 kilómetros al norte de Chicago. Con base en Hoffman Estates, Franzese y su staff de 'Breaking Out' dedicaron el pasado fin de semana a una larga sesión de reuniones y presentaciones sobre sus experiencias ante una gran iglesia luterana, en Chicago).

Todo empieza en 1996. Y desde entonces

No he descansado. Sólo en universidades de la NCAA habré dado 350 charlas. Con la Asociación de Entrenadores de la NFL, con equipos de la misma NFL, como los San Diego Chargers, con la NBA, las ligas de béisbol. Y ahora, la ATP

No debe de haberle sorprendido mucho el caso de apuestas y sobornos del árbitro Tim Donaghy, en la NBA...

En absoluto. En EE UU hay 15 millones de jugadores o apostadores declarados sobre espectáculos deportivos. Tantos partidos, tantísimo dinero y a la gente le gusta apostar. La NBA, la NCAA y la ATP están bajo presión, sitiadas: en el punto de mira. A partir de ahí, se busca a una sola persona que pueda decidir un resultado. Eso es más fácil en el tenis o en el boxeo... o con los árbitros. Tocas a un jugador o a un boxeador, y ya está. En baloncesto, Kobe Bryant quizá no pueda inclinar un resultado por sí mismo. Pero un árbitro, sí. Lo he dicho muchas veces. No me sorprende lo de Tim Donaghy y pienso que saldrá más gente implicada, aunque elogio la respuesta de la NBA ante el asunto. El potencial para amañar un partido con una sola persona es devastador: por e-mails, o cuando el tipo está solo en su habitación de hotel. Cuanto menos dinero gane el individuo contactado, sea jugador o árbitro, más fácil es.

La NBA sostiene que lo de Donaghy es un caso aislado...

Será mejor que sea así. Me consta que están haciendo un esfuerzo, pero no se puede estar encima de cada jugador o cada árbitro las 24 horas de cada día. Un jugador o un árbitro puede estar con problemas financieros que le tengan al borde de la desesperación. Recibe una llamada en la habitación del hotel, poniéndole 10.000 o 20.000 dólares en la mano en ese mismo momento. ¿Quién puede controlar eso? Las ligas sólo pueden llegar hasta cierto punto, supongo que usted lo ve igual que yo.

¿Desesperación, dice?

En una de mis presentaciones ante los jugadores de hockey de la NHL, se hizo un aparte con los jugadores rusos. Uno de ellos admitió que, en efecto, había tenido contactos sobre sus partidos con mafias rusas, pero no podía seguir hablando por miedo puro y simple: tenía que mantener a su familia en Rusia, y la tenía allí.

Eso puede remitir al tenis y al 'Caso Davydenko'.

Es evidente que el tenis tiene también un problema, como casi todos. La respuesta de los jugadores y de la ATP en la reunión obligatoria que mantuvimos en el Masters Series de Miami fue abrumadoramente positiva (Moyá y Ferrero coinciden en describirlo como "gran experiencia"). Rafa Nadal, Roger Federer y Andy Roddick estaban en primera fila haciendo preguntas, pero...

Pero...

Allí, en Miami, hubo varios problemas. Uno era la barrera del lenguaje. No todos me entendían perfectamente. No sé si Etienne de Villiers, director de la ATP, que está lleno de buenas intenciones y trabajo, tradujo exactamente todo lo que yo dije. Algo se perdió en la traducción. Después, los jugadores tienen su propia agenda y, lógicamente, pensaban más en los partidos que tenían por delante. Es normal, pero seguro que van a seguir teniendo problemas. El tenis es un objetivo clarísimo.

¿A qué se refiere?

Ya se está viendo, como con esta reciente información de Sports Illustrated sobre Tursunov y Tipsarevic. Es la típica forma de actuar. Se elige a jugadores con ranking medio, no demasiado alto, que puedan tener necesidad de embolsarse 20.000 dólares con un solo gesto. O 10.000, si son de más bajo nivel. Más dinero del que pueden ganar en un torneo. Es muy duro de controlar, todo el tiempo. Esto va a ser cada vez más serio en todos los deportes. Anticipo que van a salir muchos más casos dolorosos. Ya lo verá. Por ejemplo: unas World Series de béisbol se pueden decidir por un mal gesto de un solo jugador. Y, dígame, a estas alturas, ¿quién garantiza la pureza de ese gesto?

(En el reciente US Open, en Nueva York, la Asociación de Tenis de EE UU, USTA, contrató a guardias de seguridad de paisano para que patrullasen la zona de jugadores).

Volvamos a la NBA. Usted le planteó el asunto a LeBron James y Carmelo Anthony

Fue en su temporada de rookies. La NBA sabía cómo estaba la situación y que podían llegarles ofertas de las que sabemos. Son el gran objetivo. LeBron y Carmelo se pasaron 30 minutos haciendo preguntas. Sobre todo, LeBron. Les dije que, a partir de la una de la madrugada, en la calle sólo están los delincuentes y los policías. Y que se cuidaran mucho de la gente con pinta amistosa que podían rodearles en las noches cuando fuesen a Las Vegas y Atlantic City. Por grandes y fuertes que sean, ellos no tienen nada que hacer contra este tipo de gente.

Se refiere en relación a los gangsters, claro.

Mire, una vez, en una charla con los San Diego Chargers, grité a un lineman de dos metros y 140 kilos de peso. Le hice levantarse y le puse la cara que yo tenía en las calles. Le dije: "En el campo estás en tu terreno, pero la calle es de 'ellos': es su trabajo y es su vida. Te comerán vivo si te enfrentas a ellos". Si viera la cara del jugador, si viera el silencio de todos los que había allí

Michael Jordan jugaba y apostaba, eso se sabía.

Claro: era el objetivo ideal, casi como LeBron y Carmelo. Jugarán muy bien al baloncesto, pero fuera de la pista están en otro terreno: no saben dónde se meten. Ojalá hubiera podido ser yo ser el bookmaker (corredor de apuestas) de Michael Jordan

Lo pinta usted muy duro, Michael

Las apuestas y el juego son peor que las drogas. Se asume que las drogas son un mal o una enfermedad. Hay tratamientos de desintoxicación y rehabilitación, pero el juego lo invade todo y nadie dice lo contrario. El caso de Michael Vick, el quarterback que va a ir a la cárcel por las peleas de perros, es un caso de apuestas. No lucharían perros y no se matarían animales de no haber apuestas sobre ello. Una vez que cumpla en la cárcel, en unos años quizá Vick pueda volver a jugar en la NFL, pero debe saber desde ya que recibirá una tremenda carga de presión.

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Y en las carreras de caballos, ¿qué ocurre?

En EE UU, las carreras de caballos es el deporte preferido por The Mob (la Mafia, en la expresión coloquial de EE UU). Claro: si no hubiesen apuestas, no existirían las carreras. Mira que yo amo los caballos y me gustan las carreras, pero es duro ver el espectáculo cuando se sabe que todo el mundo está tocado, todos los trainers, todos los jockeys, incluso los propietarios. En esas condiciones, no hace falta decir que los caballos reciben drogas y pastillas para condicionar los resultados. Fin de la historia.

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