El UCI ProTour tiene secuestrado el ciclismo
Un puñado de directores son dueños de las licencias de los equipos


Si un empresario quisiera tener un equipo en esa élite mundial denominada UCI ProTour, sólo podría hacerlo aportando el dinero a una de las veinte sociedades creadas para la ocasión, algunas de ellas pertenecientes a una única persona. En este sentido se puede escoger entre Biarne Riis, Gianluigi Stanga, Patrick Lefevere, Theo de Rooy, Vicent Lavenu, Roger Legeay o Hans Holczer. Todos ellos tienen en común ser dueños únicos de una licencia del ProTour, la competición que abre las puertas de las grandes carreras.
Luego hay otras sociedades más repartidas. Ahí está el caso de Tailwind Sport Corporation, en la que intervienen Johan Bruyneel, Lance Armstrong y el empresario amigo Thom Weisel. Discovery Channel ha decidido no seguir patrocinándolos, así que ahí hay una buena oportunidad para cualquier firma que quiera entrar en el ciclismo... Si se fían de ellos, claro.
Echávarri y Unzué.
Caisse d'Epargne, por ejemplo, tuvo que fiarse sí o sí de José Miguel Echávarri y Eusebio Unzué, los dos socios de Abarca Sports. La caja de ahorros francesa tenía dinero fresco y deseaba un equipo ciclista para estar presente en los Tours, pero la única vía que se lo garantizaba era patrocinar a un equipo ProTour. Y el chorro de millones le cayó a los navarros.
Aunque hay otras empresas que no tienen la misma confianza ciega en intermediarios y prefieren llevar la gestión directamente. Sobre todo si ya han recibido algún palo anterior. Eso le ocurrió a Cofidis, que se vio inmerso en un escándalo de dopaje en 2004. El patrón, François Migraine, decidió seguir en el ciclismo, pero dejó de delegar. La licencia del Cofidis pertenece al Cofidis. Y punto.
Por una experiencia parecida pasó el T-Mobile. Su licencia ProTour pertenecía a Walter Godefroot hasta que la Operación Puerto, con Jan Ullrich al frente, le estalló en la cara. T-Mobile obligó entonces a Godefroot a irse del equipo y a cederle los derechos de la licencia. Era una condición imprescindible para seguir soltando los kilos...
Uno de los principales implicados de la Operación Puerto fue Manolo Saiz, que estaba asociado en Active Bay con Pablo Antón y Manuel Piñera. Tras la marcha de Liberty, el cántabro encontró otro patrocinador: Astaná. Pero al final de la temporada los kazajos le dijeron que "naranjas de la China", que preferían ser ellos mismos, a través de su Gobierno, quienes controlaran su dinero.
Saiz fue el creador de este invento del ProTour junto al Hein Verbruggen, el ex presidente de la UCI. Entre los objetivos de esta competición estaba la lucha antidopaje. El mismo Saiz fue uno de los redactores del Código Ético que por detrás estaba incumpliendo.
El Tour, la Vuelta y el Giro se opusieron desde el inicio a este sistema cerrado, a que un puñado de personas tuvieran secuestrados los patrocinadores y los derechos de participación gracias a una licencia que concede la UCI, aliada de los equipos y opositora de las tres grandes. Tras comprobar que el ProTour no ha acabado con los escándalos de dopaje, sino todo lo contrario, el Tour se ha hartado. De ahí su propuesta de correr con selecciones nacionales y con equipos fiables por invitación. Quiere cribar malas hierbas.
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Se desmarcan.
El hastío también ha llegado a siete equipos del ProTour: los franceses Cofidis, Ag2R, Française des Jeux, Bouygues Telecom y Crédit Agricole, y los alemanes Gerolsteiner y T-Mobile. Tras numerosas discusiones durante toda la temporada han llegado a la conclusión de que sus colegas no luchan contra el dopaje como debían y han decidido escindirse en una nueva asociación: Movimiento por un Ciclismo Creíble. En el Tour ya tuvieron un gesto conjunto: se plantaron el día después del positivo de Vinokourov.