"Y Cristo me devuelve la bici..."

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Una de las cosas que más me impresionó cuando cubrí mi primer Tour de Francia como periodista, allá por 1992, en plena era Miguel Indurain, fue ver la degradación física que van sufriendo los ciclistas con el paso de las etapas. A los corredores se le van marcando los carrillos, van perdiendo tallas día a día... Y, lo que es peor, comienzan a coleccionar, a lo largo y ancho de su cuerpo, gasas, vendajes, esparadrapos, tiritas, férulas, puntos de sutura... En aquel olímpico 1992, el farolillo rojo también fue español. Fernando Quevedo, hoy un próspero empresario inmobiliario y mecenas puntual del ciclismo con Labarca 2, nos brindó una cita gloriosa: "¿Héroe Indurain? El héroe soy yo, que siendo infinitamente peor tengo que aguantar este calvario. Le cambio a Cristo la cruz por la bici, y Él me devuelve la bici y encima me da dos cruces. Esto no hay quien lo aguante". Quevedo terminó a cuatro horas, 12 minutos y 11 segundos del gran Miguel.
El calvario del Tour 2007 empezó en la misma salida. Como siempre. Tras la cuarta etapa, dos de los 41 españoles que partieron de Londres ya están en casa. Eduardo Gonzalo ni siquiera salió de Inglaterra, porque se retiró en la primera etapa tras colisionar contra la luna trasera del coche del Caisse d'Epargne. Ayer le tocó a Xabier Zandio, que un día después de llevarse la alegría de que su dolorida muñeca no estaba rota, volvió a caerse y se partió una clavícula. Aún no se ha subido un gran puerto y Pereiro y Valverde ya se han quedado sin uno de sus más brillantes escuderos.