Tenis | Wimbledon

El coraje de Nadal reinventa la Central de All England

Rafa galopa sobre Eschauer y ahora le toca Söderling

<b>TRIUNFANTE. </b>Nadal ha comenzado a recoger el cariño de los aficionados ingleses.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

La Centre Court de Wimbledon, en el All England Club, no puede compararse con muchas cosas en Inglaterra. Quizá con el uniforme del Almirante Nelson que se exhibe en Kensington Palace y aún muestra, orgulloso, la huella de la bala que mató al vencedor de Trafalgar.

A conciencia y sabiendo lo que hacía, la fuerza aérea de Hitler bombardeó la Centre Court en 1940: la Batalla de Inglaterra. Cuando Boris Becker ganó aquí en 1985 y desató el frenesí en Alemania, The Times contragolpeó con flema británica: "Sorprende el interés de hoy en Alemania hacia lo que pasa en esa pista, cuando recordamos el interés con que la trataron en 1940". Este septiembre, Gran Bretaña y Croacia se enfrentarán en Copa Davis, en Wimbledon. Pero no pisarán la Centre Court: jugarán en la Pista Uno. La Centre Court sólo se usa durante el torneo del Grand Slam; si Gran Bretaña juega la final de la Copa Davis y por cuatro socios afortunados del All England que la pisan como probatura y por sorteo el fin de semana antes del torneo

Clase.

Y resulta que ahora, el All England quiere en la Centre Court a Rafael Nadal. El guerrero de la tierra batida recibe el mismo honor que Tim Henman, el héroe del tenis británico. Hasta el multicampeón Federer ha ido ya a la Pista Uno. Ayer, Nadal repitió en la Central, cuya vieja cubierta él también echa de menos: encanto, clase, fascinación. Entre las nuevas corrientes de viento, Eschauer arrancó a todo pistón, 2-0 y rompiendo el servicio de Rafa. Y Rafa respondió a galope tendido: el austriaco ya no ganó un juego más en el primer set. Todo terminó en 96 minutos. Nadal espera ahora a Robin Söderling, un tallo sueco de Tibro al que ganó la única vez que jugaron, en Roland Garros 2006. Pero esto es Wimbledon, y Söderling sacó ante Grosjean como un oso lapón.

De alguna manera, la Centre Court empieza a adoptar a Nadal. Y Nadal, curioso como un adolescente, ventea en el perfume de Wimbledon el comienzo de una relación. ¿Puede Nadal convertir la Centre Court en otro reino de Camelot, como hizo John Kennedy con la Casa Blanca en 1960? Pues lean, lean..."Lucharemos hasta el final, lucharemos en Francia, en los mares y océanos defenderemos nuestra Isla a cualquier precio. Lucharemos en las playas, en los pistas de aterrizaje, en los campos y calles, y en las colinas ( ) Gran Bretaña luchará contra la amenaza de la tiranía los años que haga falta y, si fuere necesario, sola". En esas palabras, Sir Winston Churchill describía la resistencia inglesa ante aquellos que bombardeaban Wimbledon. Un hilo mágico y valiente une esas palabras: el coraje de Inglaterra, el coraje de Nadal.

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"Me impresionó llegar a la Central por el interior del Club. Tienes la sensación de que es un sitio importante. Oficiales de la Marina te abren las puertas. Después, todo fue incómodo, con frío y remolinos de viento. En hierba te ves 3-0 en contra sin haber empezado. Me vi 0-2, pero rompí el servicio de Eschauer y todo fue bien".

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