Nadal y Federer están en la final y en otra galaxia
Rafa Nadal y Roger Federer cumplieron los pronósticos y reeditarán mañana su duelo de 2006 en la final de Roland Garros. El español, que acabó con Djokovic, sigue sin perder un set y busca su tercer título consecutivo. El suizo sufrió ante el ruso Davydenko.


Entre la hostilidad del buen pueblo de París, se acabaron las contemplaciones. Como cuando Ben Johnson y Carl Lewis ocupaban los tacos de salida en Seúl, o cuando Muhammad Ali y Joe Frazier se miraban de esquina a esquina en el Madison y en Manila, sólo una red queda entre Rafael Nadal y Roger Federer: mañana, en el ruedo de Roland Garros, entre los chopos del Bosque de Bolonia.
¿Hostilidad, dice? Hostilidad de París contra Nadal, digo. Lo dice también Ion Tiriac y lo apuntan los pocos enviados especiales extranjeros que no aplauden abiertamente a Federer: "El domingo, esta pista será una casa levantada en favor de Federer". Paradójicamente, la pista que más favorece a Nadal, la Philippe Chatrier, es la que más se le llena de enemigos: como cuando el Rey de Francia no tuvo más remedio que abrir las puertas de Versalles al buen pueblo de París, tan enfurecido.
La Chatrier favorece a Nadal por su extensión, amplitud y la misma calidad de la tierra: ahí, Rafa puede correr de lado a lado, y la bola se desplaza, volandera, con mucha más expansión que en Hamburgo, casi una pista cubierta. A cambio, para Rafa, esto es un Caballo de Troya lleno de enemigos: gente, que simplemente, quiere que Nadal caiga y que gane Federer. Gente que abroncó al árbitro, Pascal Maria, por el mero hecho de inspeccionar la marca de un saque de Djokovic a requerimiento de Nadal. Volvieron a rezongar, a las armas ciudadanos, cuando, en el 5-5 del primer set, con un punto decisivo en acción, Djokovic admitió como bueno un tiro larguísimo de Nadal y limpió la marca. ¿Querían que Pascal Maria desautorizara a Djokovic...?
"Va, Rafel". Así se escuchó la voz de Tío Toni a su pupilo y sobrino, Rafael Nadal Parera, en otro momento decisivo de ese primer set: 5-4 y Rafa en un servicio que iba camino de perder. "Venga", se animó Rafael cuando ganó uno de los puntos siguientes. No muchas más voces que éstas animaban en la Chatrier al campeón de Roland Garros. A Federer, que jugó al ralentí, Davydenko le perdonó... 14 bolas de break (3/17). Y París, que del suizo espera venganza disfrazada con el velo del Grand Slam, le perdona cualquier cosa. Pero hay un chico cobrizo, demoledor, que, como Borg aquí, ya suma tres finales consecutivas. Y ésta sin perder un set. El chico es el acantilado, las Termópilas, que se alza entre el sublime Federer y su Grand Slam. Ellos dos habitan en otra galaxia, comparable a la de Rod Laver y Ken Rosewall, los últimos que repitieron final aquí en dos años consecutivos, 1968 y 69. Nadal y Federer son un regalo para el tenis y para el deporte mundial, como lo fueron, en su momento, Laver y Rosewall: o Ali y Frazier. Y eso está por encima, incluso de este París, que ante ellos no vale ni una misa.
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Con sinceridad, habría preferido jugar esta final contra Djokovic. Nunca he perdido contra él, y él nunca ha jugado una final del Grand Slam. Decir lo contrario sería algo estúpido, cuando se considera el rival que me ha quedado. La final está completamente abierta, pero, si hubiera de elegir un favorito, ése sería Rafa Nadal. Digo eso porque él es quien ha ganado ya dos títulos aquí, no yo. Además, ha ganado más de 80 partidos seguidos en tierra, y también es el número uno en esa superficie en 2007. Pero, en todo caso, a un solo partido cualquier cosa puede ocurrir. Yo tengo magníficos resultados en torneos del Grand Slam y eso iguala mucho. Será una final maravillosa y muy, muy especial".