El entrenamiento de Nadal fue el mejor partido del día
La lluvia suspendió 17 de los 24 choques previstos ayer


Diluviaba por los callejones adoquinados de Roland Garros cuando Safin acababa de despachar a Fernando Vicente. A eso de las 12:30 del mediodía, ya se habían suspendido todos los partidos. ¿Todos? No. Como la irreductible aldea de Astérix en la Galia que plantaba cara al invasor romano, en el Roland Garros chorreante quedaba una pista que se resistía a echar las lonas: exactamente, la minúscula pista ocho. La pista en la que Rafael Nadal corría eléctrico, bola tras bola, como un conejito cobrizo de Duracell, ante Albert Montañés, en un set de entrenamiento orientado por Tío Toni Nadal hacia el juego de ataque. Y también, hacia el revés cortado. Antes, desde las 11:00, ejercicios y estiramientos articulares con tensores de gomas elásticas: les faltó traerse la caña de pescar, que se quedó en Manacor o Porto Cristo, vaya usted a saber.
En París, los callejones y sus adoquines eran afluentes del Sena con cascaditas incluidas; las grandes pistas Chatrier y Lenglen, sendos tableros de paraguas y chubasqueros dignos de Matisse, Toulouse-Lautrec o cualquier buen impresionista. La inexplicable inmensidad de Serena Williams había sobrevivido al chapoteo ante la búlgara Pironkova. Pero en la minúscula y rebelde pista ocho, decenas, cientos de iluminados seguían rodeando la marisma rojiza, cada vez más pantanosa, mientras Nadal se autojaleaba cualquier buen golpe ante Montañés, sobre todo las voleas de ataque. Incluso en perfecto inglés: "Yeesss". "Vamos, Rafa", aplaudían los fans. Una escena surrealista, inexplicable revuelta de mayo en plena tempestad. No eran Los Beatles en Hyde Park, ni Fidel Castro en La Habana. Es Nadal en Roland Garros.
Hoy, Federer.
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Al fin, la mojada organización de los Internacionales de Francia tuvo que suspender 17 de los 24 partidos anunciados. La avaricia llamó a las nubes. Peor aún: los pronósticos siguen anunciando borrasca, y eso cuando en el programa de hoy van seis españoles (Robredo, el aplazado Ferrero, Ramírez, Almagro, Navarro Pastor y Llagostera), más Federer, que debería debutar ante Russell.
A la caída de la tarde, cuando el agua de Roland Garros ya formaba parte del Sena, Serena salió a flote ante la búlgara de los pantalones de pijama, Justine Henin se estrenó con solvencia y Potito Starace escapó en cinco sets a una serie de trampas acuáticas del croata Minar. Al fin (¿toda la Galia?), la pista ocho ya estaba tapada con lonas, pero las lonas emitían un fragor vibrante: como el estruendo tenso con el que Spielberg acompaña las zancadas del Tiranosaurio Rex. Era el eco de aquel "yeesss", que Roland Garros traduce por "Vamos, Rafa".