Federer volvió a ser Mr Perfecto

Roger Federer agrandó su leyenda en Melbourne. Ante un más que digno Fernando González firmó su tercer Abierto de Australia y el décimo título de Grand Slam de su palmarés. Y lo hizo sin perder una sola manga en las dos semanas de competición del torneo aussie. Una marca tan sólo alcanzada en 1971 por el mítico Ken Rosewall, que disfrutó del suizo desde la grada del Rod Laver Arena.
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El último juego del partido ejemplifica el tenis de precisión suiza del jugador total. Federer no sintió la presión que a otros les complica cerrar los partidos. Y con su inagotable talento, el que le permite flotar sobre la pista y dominar todos los golpes, se anotó su servicio en blanco. Con un saque directo, un tanto de saque y volea especialidad de la casa, una implacable derecha paralela y un sensacional revés desde la línea de fondo como fin de fiesta. Un tenis sencillo, efectivo y espectacular. Inmejorable.
A pesar de que anduvo lejos de su mejor nivel volvió a demostrar que está varios peldaños por encima del resto. Ante el rival que más duro golpea la bola, que más aces sumó en el torneo y que apeó a rivales de la entidad de Hewitt, Nadal y Haas, el suizo dibujó ángulos inverosímiles y dominó la mayoría de los peloteos. Adaptó su juego hasta castigar las piernas de su rival y cambió el ritmo a su antojo para hacerle sentir impotente. Y es que no sólo es el mejor, además es el más listo. La perfección existe (al menos sobre una cancha de tenis) y se apellida Federer.