Sigfus Sigurdsson

"El alcohol y las drogas casi acaban conmigo"

El islandés Sigfus Sigurdsson (31 años, Reykjavik), de 1,99 y 118 kilos, es el muro del Ademar. Es su segunda experiencia en la Asobal, aunque ahora ha vuelto a España contrastado como uno de los mejores pivotes mundiales. Gigante y con aspecto de ogro, cuenta sus secretillos.

<b>"Mamá.</b> "Me dijo: O vas a la terapia o te pegas un tiro. No barajo otras opciones"
Enrique Ojeda
Redacción de AS
Actualizado a

Con tipos parecidos a usted es lógico que Islandia no necesite ejercito.

No todos los islandeses son tan grandes. Soy pacifista. La base estadounidense no molesta; no genera problemas.

Pero alimentarle a usted si que será complicado.

No lo crea. Mi menú básico es el bacalao. Cinco días a la semana como pescado. Lo preparo bien; me enseñó mi madre, profesora de cocina.

Por su aspecto, en la pista mete miedo. Da la impresión de que impone.

Es puro teatro. Pongo cara de malo para intimidar, pero no soy nada pendenciero.

Es que se le ve tan grande, tan fuerte, con esos tatuajes.

Son símbolos de protección de los dioses vikingos, un vínculo más con mi tierra. Hace cincuenta años Islandia era un país pobre, pero con la inversión extranjera ahora es rico y caro. Los viejos vikingos estarían orgullosos de esa islita.

Entonces, ¿su fama de ogro es falsa?

Soy del balonmano islandés. Si un jugador me mete un gol, bueno; pero si lo vuelve a intentar de la misma manera, le tiene que doler.

León es su segunda experiencia en España. En la primera, duró poco en Santander.

Cuando me echaron no lo entendí. Ahora, con perspectiva, sé que me ayudó a rehacer mi vida, a que haya cumplido los 31 años.

Perdone, pero me falta información.

Es una historia larga. De niño no tuve buenas compañías. Empecé con pequeños hurtos en casa, luego me lié con el alcohol, caí en las drogas y todo eso. Y llegué al Teka. Se dieron cuenta de mi problema y hablaron con mi seleccionador. Cuando regresé a casa por Navidad también me mandaron la carta de despido.

¿Cómo lo asumió?

Mis padres, el seleccionador y una psicóloga se reunieron conmigo. Les mandaba a la mierda, pero mi madre, que siempre estuvo callada, me dijo, "Fusi, tenemos tres opciones: que hagas una terapia, que mantengamos la situación, o que te pegues un tiro. Como madre tuya, sólo barajo la primera o la tercera posibilidad".

¡Vaya reacción!

¡Es que mi madre tiene carácter! Empecé a seguir un tratamiento para evitar el mono, y un día me hospitalizaron porque durante cinco minutos mi corazón dejó de latir. Las drogas y el alcohol casi acaban con mi vida. Inicié la terapia en un programa de alcohólicos anónimos y lo superé.

¿Por qué me cuenta todo esto? Otro cualquiera trataría de pasarlo por alto.

Estoy orgulloso de haber salido de aquel infierno. En Islandia los adolescentes pasan por terapias contra el alcohol y no quedan estigmatizados. En mi primer año en el Magdeburgo, alguno me insultaba, "borracho", "drogadicto". Un periodista me preguntó por los años que no jugué, y le expliqué mí caso. No hubo más insultos. Gané el respeto de la afición.

¿Qué más hizo en aquellos dos años en blanco?

Trabajé de carnicero, de panadero, en la construcción. Todo para comer. Un día intenté ponerme mi mejor pantalón y no entraba; pesaba 165 kilos. Volví al gimnasio y poco a poco me recuperé para el deporte profesional.

¿Cómo pasará la Navidad?

Con mis padres, mis hermanos, y mi hijo de once años, que vendrá con su madre y con otra hija que ella tuvo con un novio que conoció cuando nosotros lo dejamos.

Es un tipo muy precoz.

Era un adolescente fogoso. A ella la veía todos los días, porque su padre pertenecía a la embajada rusa, en la puerta de enfrente de mi casa. Fue la edad, la proximidad, todo eso.

¿Cómo vendería a su país?

Esta Navidad a lo mejor vuelvo a irme de cena y a la salida me voy a jugar al golf hasta las cuatro de mañana con el sol de media noche. Incomparable.

Por cierto, ¿por qué lleva el dorsal 69?

Sabe, no es que sea un secreto, pero no se lo pienso decir. Cosa de vikingos.

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¿Qué me dice del Ademar?

Un grupo estupendo y unido. Da gusto estar en el equipo. Si la salud me lo permite, me quedaré tiempo. Hace un poco de frío, pero es soportable.

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