Oro y diamantes
Vinokourov se proclamó ayer brillante vencedor de la Vuelta

Vinokourov ha despertado al kazajo que todos llevamos dentro. Me refiero a ese reducto (mínimo) de nuestra personalidad que esconde al tipo que hace mucho y dice poco. Al que aprobaba los exámenes de latín (sin copiar) y al que sedujo a aquella muchacha que ya ni me acuerdo ni ella se acuerda. Nuestro yo implacable. Cuando éramos rubios (todos lo fuimos) y cuando vengábamos a los amigos, que eran la patria. Desde ese punto de vista, su victoria no hiere, al contrario. Ojalá todos nuestros enemigos fueran así, tan valerosos, tan honorables.
Las revelaciones tardías merecen respeto y admiración, pues nos dan pruebas de la fabulosa importancia de la persistencia, la sacarina del talento. Vinokourov ha ganado su primera gran carrera con 33 años, después de ocho temporadas como profesional. Zoetemelk ganó el Tour a los 33 y el campeonato del mundo a los 38. Hay quienes no se rinden jamás y son bastantes los que no entienden las raíces cuadradas hasta que no han cumplido la treintena.
Si la Vuelta le ha enseñado a Vinokourov cómo se gana una carrera de tres semanas, a Valverde le ha enseñado cómo se pierde. La lección es dura, tanto, que otros no se repusieron jamás. Me viene a la memoria Julián Gorospe (mis clásicos), abatido por Hinault el caníbal en 1983.
Aunque Valverde se escude en la superioridad física de su adversario, entiendo que su derrota ha sido, primero, táctica, y luego, moral. Si no hubiera dudado en el descenso del puerto de Monachil, si le hubiera rescatado su equipo, creo que habría ganado la carrera. Pero de eso también se aprende. Son buenas las cicatrices, refrescan la memoria. Sólo espero que la derrota no le encoja, sino que le fortalezca y no le despiste de su gran desafío: el Tour. Para empezar le vendría bien ganar el Mundial, vengarse así, callarnos la boca. Si se lo propone resulta imposible no apostar por él lo poco que nos queda.
Kashechkin ocupó el tercer lugar del podio y, con 26 primaveras (igual que Valverde), será un rostro habitual en otros podios y otras carreras. Sastre, de 31 años, también debería sentirse animado por el esplendor de los frutos tardíos. Su magnífica temporada finaliza así: 43º en el Giro, 3º en el Tour y 4º en la Vuelta.
El homenaje a los viejos rockeros se completó ayer con el triunfo de Zabel (36 años), que por primera vez se impuso en la última etapa de una grande, después de haber sido segundo ocho veces entre Milán, París y Madrid. Fue hermoso ver cómo Marco Velo, después de un trabajo fabuloso en la última recta, celebraba, brazos en alto, la victoria de su compañero. Madrid, por cierto, estaba preciosa, con esa luz de los septiembres soleados.
Y del final, al principio. Perdiguero se presentó en el control de firmas con Landis, al que tiene alojado en su casa y con el que ejerce de abogado defensor. La excusa, saludar a los amigos. La provocación, infantil, lamentable. Víctor Cordero, director general de la Vuelta, dijo que no podía prohibir la presencia a Landis porque todavía no está sancionado, pero fue tajante: "Tanto mal lleve como el que ha hecho al ciclismo". Mucho, entonces.
La Vuelta vetó el maillot ProTour
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El equipo del murciano, el Illes Balears, manifestó su desacuerdo con esta actitud.