El último tren
José Luis Arrieta siguió el manual al pie de la letra. Se colocó a rueda de sus rivales en la recta final mientras sus adversarios gastaban fuerzas luchando contra el viento de cara. Cuando llegó su momento, desató un ataque implacable que le llevó a lograr la victoria. Estrategia perfecta.

No hubo ni intento ni intentona. Si acaso un amago de abanico al final y un estirón de Valverde al principio. Dos maniobras casi rutinarias a las que respondió el equipo del líder con diligencia y sin sofoco aparente. Creo que la escapada fue un alivio para todos. Me temo que fuimos ingenuos al soñar con un último arreón, con algún tiroteo que pudiera haber culminado con un apasionante sprint final en busca de las bonificaciones. Una especie de restablecimiento moral. No. El campeón se decidió en La Pandera y el subcampeón lo bendice. Pocas fuerzas, menos ánimo. Que me quede como estoy.
Se sospechaba un inicio de etapa tenso y no nos equivocamos, aunque por diferentes motivos. Antequera dio la lista para el Mundial y fue más noticia quiénes se quedaron fuera que los corredores seleccionados. Pereiro, por ejemplo, estaba enfadado, pues aseguraba que contaba con la promesa del seleccionador. Si Antequera faltó a su palabra, muy mal, pero el ganador del Tour (virtual o administrativo) jamás debería haberse embarcado en una Vuelta que ha significado una merma considerable en su imagen deportiva.
Marchante, por su parte, denunció que su descarte podía estar influido por su falta de colaboración con Valverde en la etapa clave de Granada. No está claro si ve fantasmas o le remuerde la conciencia. El fantástico Egoi Martínez no dijo nada, pero tal vez no le faltaran razones. Los seleccionadores se parecen mucho a los que eligen a las misses; es imposible estar de acuerdo con ellos porque siempre se dejan a nuestra guapa por el camino.
A los 40 kilómetros de la salida, ya había un proyecto de fuga. Por allí andaban los habituales expertos en túneles. El danés Bak, el ruso Gusev y el kazajo Fofonov, al que cuesta tomar en serio porque arrastra nombre de payaso del circo de Moscú. Dada su actividad, se preguntarán ustedes qué diablos comen los kazajos de pequeños. La cuestión no es lo que comen (albóndigas y así), sino lo que beben: leche fermentada de camello.
En ese grupo de rebeldes, ya consolidados, había también tres españoles: Chente García Acosta (34 años), José Luis Arrieta (35) y Aketza Peña (25). Se podría decir que el joven del Euskaltel iba con sus tíos de excursión. Tíos, por cierto, entrañables y encantadores, como nos lo parecen todos los que corrieron algún día junto a Miguel Indurain.
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Bak lanzó el primer demarraje serio y dio la impresión de que llegaría a meta. Sin embargo, en las calles de Ciudad Real fue atrapado por Arrieta, Fofonov y el suizo Loosli. Chente, vigilado, quedó cortado. A falta de un kilómetro, Arrieta se limitó a seguir el manual y se colocó en última posición mientras sus enemigos gastaban fuerzas contra el viento de cara. Cuando ya no importó la edad y sí la experiencia y los deseos acumulados durante catorce años de carrera, nuestro hombre tomó el último tren y saldó sus deudas. Chente se emocionó por su amigo y creo que no hubo nadie que no sonriera por esa victoria, la 500ª de un español en la Vuelta.
Hoy, crono en Rivas. Oigo que Valverde luchará por mantener la segunda plaza y me deprimo, será este cielo gris.