Triunfo inmaculado
Victoria de etapa de Millar y confirmación del gran Valverde

Alejandro Valverde ha dado un fabuloso paso adelante para ganar esta Vuelta y otras de igual o mayor rango. Entre sus excepcionales condiciones como ciclista sólo había una debilidad: la contrarreloj. Había, digo, porque su progresión en la especialidad ha sido asombrosa. Ayer lo volvió a demostrar. En 33 km, sólo cedió 13 segundos con Millar, el vencedor, y ocho con Vinokourov, el mismo tiempo que arañó al kazajo en el sprint de Cuenca. Además, aventajó a Kashechkin en 13 segundos y a Sastre en 33. Se veía venir. Valverde se está transformando en un ciclista tan poderoso que sólo le falta por domar la suerte.
Es cierto que quedan dos etapas durísimas con final en alto y una última crono, y también es verdad que no hay diferencias insalvables. Pero el aspecto del líder es imponente. No es que haya sobrevivido a la crono, sino que la ha convertido en un arma. En la general supera ahora a Kashechkin en 48 segundos, a Sastre en 1:25 y a Vinokourov en 1:38.
Pero ya habrá tiempo de analizar lo que viene. Por lo que se refiere a la crono de ayer, los tiempos intermedios fueron, más que un indicio, una pista falsa. Cancellara (ganador de la París-Roubaix) voló en los primeros tramos y le dimos por ganador. Nos equivocamos por 546 centésimas. Ese suspiro hizo vencedor a Millar. Algo más atrás, Vinokourov superaba a Valverde en ocho segundos en el km 10. Asustaba el hecho de que la ventaja siguiera multiplicándose, pero el líder mantuvo el tipo como si una cuerda invisible le uniera a su adversario.
Si resulta una gran noticia que Valverde haya superado el examen de contrarrelojista (aún debe diplomarse, conste), no lo es menos que el ganador de la etapa fuera David Millar (29 años), un ciclista que ha pasado los dos últimos años sin correr por haberse dopado. La proeza de Millar no es haber vuelto después de cumplir la sanción, sino haberse proclamado en su regreso como un ciclista limpio, con la misma valentía que antes confesó que se había dopado. Actitudes así son las que pueden limpiar este deporte.
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Sacrificado. Por eso le seguimos en el Tour, al que llegó una semana después de cumplir la sanción, y por eso trazamos una raya roja en cada una de sus clasificaciones. Así comprobamos cuánto se alejaba Millar de sus resultados anteriores y de sus adversarios habituales. Fue un experimento sin validez científica, porque no había competido durante la temporada, pero nos sirvió para reflexionar. Millar acabó el Tour en el puesto 59º, a dos horas y cuatro minutos.
En esta Vuelta, el trabajo de Millar, hace dos años un figurón, estaba siendo el de un fiel gregario. Fue decisivo en la victoria de Ventoso y se ha sacrificado por él otras veces, aunque sus opciones de victoria estuvieran parejas. Ni rastro de altanería, de protagonismo. Ayer, de vuelta a la vida y en su gran especialidad, recibió el premio. Ganó él y ganó el ciclismo.