Ciclismo | Vuelta a España - 7ª Etapa

El general Valverde

El líder del Illes Balears logró una magnífica victoria al remontar en los últimos metros a Vinokourov, que parecía el ganador. El triunfo le valió también 20 segundos de bonificación. Sastre llegó a cuatro segundos. El joven Brajkovic resistió con los favoritos e incluso los atacó.

<b>SOBRADO. </b>Después de su magnífico demarraje, a Valverde le dio tiempo de celebrar su triunfo, con beso incluido.
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Será apasionante, porque quienes se disputarán la victoria final tienen casi las mismas fuerzas, pocas. Y esa igualdad explica que, después de dos etapas de montaña, los seis primeros de la general encajen en el intervalo de un mismo minuto. Los grandes favoritos siguen intactos, Valverde y Sastre, pero su reino es de este mundo y en su duelo al sol se cuelan otros pistoleros, algunos de los cuales podrían ser bastante más que actores secundarios.

El joven Brajkovic, por ejemplo, es el nuevo líder, lo que parece confirmar que asistimos al nacimiento de una estrella. El chico no sólo resistió con los mejores, sino que se permitió el lujo de atacarlos. A pesar de las prudencias de algunos directores, es imposible contener el talento, aunque su portador tenga 22 años. Y esa edad tampoco impide grandes conquistas. Fignon ganó su primer Tour a los 22; antes sólo había ganado el Critérium Internacional. Quiero decir que algunos superdotados irrumpen de improviso. Si Brajkovic supera mañana la durísima etapa de La Cobertoria habrá enemigo. Y ciclista.

Volvamos a los ilustres. Valverde fue el rutilante vencedor de la etapa y su arrancada final, cuando todo señalaba a Vinokourov como ganador, resultó espléndida. Fue un ramalazo de sprinter en los últimos 300 metros de un puerto de primera, algo que sólo está a su alcance. Aventajó a Sastre en cuatro segundos y sumó 20 de bonificación, premio que minimizó su rival al llegar tras él y obtener 12 segundos de prima. Tal y como presentíamos, la diferencia entre ambos es tan escasa que sacan más rentabilidad a una bonificación que a un ataque lejano.

Ayer quedó muy claro durante la subida. Al igual que en La Covatilla, Valverde subió a pecho descubierto y lo intentó varias veces, pero sus acelerones demostraron más ganas que fuerzas. Como es un ciclista explosivo, lograba alejarse unos metros, pero Sastre y los diesel no tardaban en tomar su rueda. Efecto similar tuvieron los ataques de Vinokourov, Luis Pérez, Mayo y el propio Brajkovic. Fantásticos fuegos de artificio.

En el fondo, la noticia es magnífica. No hay superhombres, lo que nos evita dudar de ellos, algo que empezaba a ser inevitable. Además, esa igualdad de energías y cansancios nos sitúa ante un carrera en la que influirá la astucia, la valentía, la resistencia. Al igual que en las viñetas que publicaba la vieja revista francesa Miroir du Ciclisme, los enemigos no son humanos, sino montañas con caras de dioses enfurecidos, rayos y truenos. La carrera, en fin.

Recuperación.

La jornada también sirvió para reenganchar a algunos damnificados por La Covatilla. Los citados Mayo y Vinokourov siguen en carrera y con opciones. Su enorme calidad hace que los dos minutos y medio que ceden en la general sea una distancia razonable. Algunos como Kashechkin y Marchante confirman expectativas. Y se suman otros como Beltrán, Marzoli o Kohl (24 años), joven campeón de Austria.

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Habrá que despedirse, en cambio, de Menchov, que perdió 10:32, y de Pereiro, que entregó 12:45. Mal trago para los campeones administrativos de Vuelta y Tour. Para esto mejor taparse, no venir. Las grandes victorias obligan a un cierto decoro. Di Luca, hasta ayer líder, perdió 1:58, lo que significa que no se abandonó, y se agradece.

Hoy, jornada transición. Mañana, otra guerra. Primera semana. Falta un mundo.

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