Ciclismo | Vuelta a España - 4ª Etapa

De Zabel a la montaña

Se acabó la tranquilidad y las llegadas al sprint en la Vuelta a España. El último, ayer, fue para un ilustre, Erik Zabel. En la quinta etapa de la carrera llega la emoción y deben aparecer los favoritos. Los puertos del Piornal y Honduras y la llegada final a La Covatilla marcarán ya diferencias.

<b>GOLPE DE RIÑONES. </b>Erik Zabel (izda.) da el último empujón sobre la línea de meta para superar a Hushovd (de amarillo) y Bettini (detrás).
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Los ganadores siguen honrando la carrera y ayer venció otro ilustre, el alemán Erik Zabel, un ciclista que cuando se quita el casco y sonríe los pajaritos cantan y las nubes se levantan. Tiene tanta cara de buena persona que cuando se sube al podio las azafatas parecen sus sobrinas. Y no debe ser mala persona porque en cuanto cruzó la meta, después del saludo de Hushovd (2º), igual se le abrazaron asistentes de su equipo, el Milram, que del T-Mobile, donde corrió diez temporadas.

A sus 36 años, Zabel ha decidido seguir en la brecha, tal vez para romper el mal fario que le persigue en los últimos tiempos. En la pasada Vuelta acumuló cuatro segundos puestos y en el último Tour sólo fue dos veces tercero. En la reciente Clásica de Hamburgo perdió por un tubular, el de Óscar Freire. Seguir sonriendo en semejantes situaciones es asunto de mérito.

Por eso alegra que quien ha ganado seis veces el maillot verde de la regularidad en el Tour vuelva por donde solía, aunque cuando fichó por el grupo lechero Milram hubo quien no entendió la coincidencia en el equipo de Petacchi y él, dos insignes velocistas. Desde luego, la caída de Petacchi en el Giro ha favorecido la convivencia. El italiano volvió a estar ayer lejos del sprint (puesto 35º), lo que hace sospechar que no llegará en condiciones al próximo Mundial.

Ventoso, héroe un día antes, sólo pudo ser quinto en la etapa. Se colocó mal, se dejó ver demasiado pronto y luego se dejó encerrar. Aunque progresó bien, le faltó distancia. También le pudo pesar, no lo descarto, el maillot de los pezqueñines. Una prenda, digamos, poco feroz.

La jornada fue casi un calco de las anteriores. Desde muy pronto hubo escapada y el fugado fue un ciclista del Relax, equipo que contradice el nombre de su patrocinador, pero que amortiza su desembolso. No ganan, pero salen en la televisión más que un tertuliano.

Héroe.

Esta vez el héroe fue Raúl García de Mateo, que desafió a los galgos y a los meteoros, porque su rebelión fue contra el pelotón y contra el viento de cara. Rondó los seis minutos de ventaja y cedió a falta de 15 kilómetros (perdió 4:12 en meta). Cuando fue atrapado saltó su compañero Jorge García. Lo dicho, Relax. El desenlace ya lo conocen, volata y victoria del hombre bueno.

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Como en la Vuelta no son necesarios siete días de abstinencia para disfrutar de las etapas de montaña, hoy se disputará la primera, con final en La Covatilla. Los ciclistas andan temerosos, más que por la premura, porque nadie sabe en qué condiciones están sus adversarios, no ha dado tiempo a descubrir flaquezas. La jornada es dura, porque antes de la última ascensión habrá que subir dos puertos de Primera y otro de Segunda, terreno apto para los muy valientes. Rasmussen lo es.

En principio el trazado y los antecedentes (victorias de Santi Blanco y Félix Cárdenas) colocan como favorito a Iban Mayo, el más puro de los escaladores en carrera, que viene de ganar en las Lagunas de Neila y en Urkiola. No obstante, no olviden que Mayo es un espíritu libre y por lo tanto impredecible. Cerca del triunfo deberían andar el resto de favoritos, desde la pareja Valverde-Pereiro hasta Sastre, pasando por Menchov y Vinokourov. Pero es fácil que alguno de los citados se descarte y nos hable de lo bonito que es el Mundial. El calor será tan peligroso como los puertos. Recuerdo que en el nuevo ciclismo vuelven a existir los desfallecimientos.

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