Mayo renace en el Izoard yroza el triunfo en Briançon
Una caída enrabietó al vasco, que vuelve a sentirse "capaz de ganar"


Iban Mayo se cayó ayer en el km 65. Se contusionó el codo y la cadera derechos, pero el mayor dolor iba por dentro. El vizcaíno se había querido probar el día anterior en el Mont Ventoux, pero Iban llegó triste a la cima lunar, a 10:35 minutos del ganador. En ese mítico puerto había deslumbrado en el Dauphiné Liberé 2004, donde batió al mismísimo Lance Armstrong. Pero Mayo se apagó tras aquella carrera y no volvió a lucir hasta ayer.
Mayo se levantó de la caída y dijo: "¡Basta, ya!". Dos años sin oler a los mejores ya era suficiente. Iban lo explica mejor que nadie: "Tenía muchas dudas del jueves, pero el golpe me dio tanta rabia que empecé a ir a más. En el Izoard me vi muy fuerte y me lancé a por la etapa. Me hacía falta esta victoria y me ha fastidiado no conseguirla, pero estoy contento de verme recuperado y a partir de hoy ya no saldré a probarme, sino a ganar".
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El sueño de Mayo lo frustró Turpin, que se había fugado en el km 38 con Hushovd y Pineau, y se quedó solo en el Izoard, que coronó (a 20 km) con 40 segundos. Los favoritos ya se habían movido por detrás. Valverde había sucumbido, pero delante sí iban el líder, Leipheimer, con Menchov, Moreau, Piepoli y el renacido Mayo. En el descenso, Mancebo enganchó.
Iban Mayo quería la etapa y arrancó en el repecho final de Briançon, donde había ganado en 2001. Mancebo salió a su rueda en defensa de su compañero del Ag2R Turpin, que penaba en la cuesta. Al final ganó el francés, pero Mayo está de vuelta. A tiempo para el Tour.