Los casos Festina y Heras le pusieron ya bajo sospecha
Un director deportivo polémico


La polémica siempre ha perseguido a Manolo Saiz. Unas veces por sus declaraciones: contra el Tour de Francia, contra el secretario de Estado para el Deporte de turno... Y desde 1998 hasta la fecha también por dos sonoros escándalos de dopaje: el conocido como caso Festina, donde se vio implicado Nicolás Terrados, entonces médico de la ONCE, y el caso de Roberto Heras.
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El escándalo del Tour 98 partió de la intervención de un coche del equipo Festina que transportaba un arsenal de EPO. A aquella actuación siguió una serie de registros en cadena, de los que no se libró la ONCE. Nicolás Terrados fue detenido e interrogado. El equipo se gastó una millonada en la contratación de Carlos Bueren, ex magistrado de la Audiencia Nacional, que acabó logrando la absolución del médico asturiano. En 1999, el Tour decretó a Saiz persona non grata (el año anterior dijo la famosa frase: "Le hemos metido un dedito en el culo al Tour") y vetó su participación, aunque luego tuvo que recular por imposición de la UCI.
Su segundo escándalo de dopaje fue el positivo con EPO de Heras en la Vuelta a España 2005 y su posterior suspensión de dos años. Esa misma temporada habían dado hematocrito alto Nuno Ribeiro e Isidro Nozal. El caso terminó con la renuncia a sus acciones de uno de los socios de Active Bay, Manuel Piñera, que se marchó desencantado del deporte que le apasiona: el ciclismo.