Sterbik acerca el título europeo a Ciudad Real
Se perdió por lesión la final de la Champions del año pasado que el Ciudad Real perdió por un gol ante el Barcelona. Ayer, en el partido de ida en Pamplona, fue una de las claves. Otra, la defensa de Davis y Kallman sobre Balic a quien dejaron sin creatividad. El título camina hacia La Mancha.

Juan de Dios se retiró en junio con una daga clavada en su corazón: no haber conquistado la Champions. "Se diría que ese torneo estaba vedado para mí", dijo públicamente en su despedida, despojando su adiós de todo dolor. Sin embargo, en ocasiones, en tertulias animadas intrascendentes, sostiene con rictus de tristeza, que si el meta Arpad Sterbik no se hubiese lesionado antes de la final de 2005 contra el Barcelona, su retirada hubiese sido con un currículum aún más completo. ¿Justificación?
Visto lo visto ayer en Pamplona, con el serbio engrandecido en la portería del Ciudad Real minimizando al Portland, las explicaciones de Juan de Dios ganan crédito. El equipo manchego de esta temporada está mejorado respecto al de la campaña anterior, y además está Sterbik en todo esplendor. Su aportación fue extraordinaria, y mientras sus compañeros mantuvieron la intensidad era poco menos que un valladar que desesperaba a los lanzadores. La prueba: 12-22 en el minuto 50.
Fue Sterbik el que acabó con la primera línea del Portland, el que anuló a los extremos, quien rebajó a la nada a los especialistas en los siete metros. ¡Qué espectáculo! Y no es que Kasper, en la portería del Portland, lo hiciese mal; es que el gigante estuvo majestuoso, con su muralla de kilos a presión en sus dos metros de altura cerrándolo todo.
Sin Mateo Garralda.
Si el protagonista fue Sterbik, hubo más cosas en este primer envite de la final de la Champions. Una final a día de hoy totalmente decantada para el Ciudad Real, que debe esperar al domingo para cantar el alirón, con un año de retraso, y convertirse en el quinto español en lo más alto de Europa. Destacó, por ejemplo, la defensa en 5-1 del Ciudad Real, que en realidad era un marcaje individual de Davis o Kallman sobre Balic; con eso dejó sin ideas al conjunto local, sin creación. De ahí que en el minuto 20 de la primera parte sólo hubiese marcado tres goles (3-6). No le llegaban a nadie balones con opciones de tirar, y las pruebas son que Lozano se fue a la ducha sin intentar lanzar, o que al joven Ruesga le bloquease más de un tiro Metlicic.
Otro asunto, las exclusiones: a los 11 minutos Juancho Pérez ya tenía dos. Fue determinante en el devenir del partido. La muralla defensiva local se encogió por obligación y no fue como otras veces. Se notó más que nunca que faltaba el espíritu de Garralda; ahora lesionado, bien o mal en su juego, imprime carácter en la pista, de lo que ayer careció un equipo vapuleado.
El Ciudad Real estuvo más metido en el encuentro, más intenso. Aprovechó todas sus opciones, corrió al contragolpe para lograr goles fáciles, y pudo humillar al Portland. Su único error fue descansar antes de tiempo, y encajar un 7-2 en los últimos 10 minutos. Pero la diferencia es tanta que... tenemos campeón a la vista. Sólo un cataclismo podría evitarlo.
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La afición se rindió a Sterbik
La afición del Ciudad Real esperó la salida de sus jugadores, y aunque coreó a todos, con Sterbik se rindió: le esperó arrodillada en señal de agradecimiento. Antes, obligaron a que el presidente de la Comunidad de Castilla-La Mancha botase de júbilo en la puerta del pabellón.
