Final española
Por segunda temporada consecutiva la final de la Champions League de balonmano será netamente española. Repite el Ciudad Real, que ha sido infinitamente mejor que el Flensburg alemán, y vuelve el Portland, que tuvo que apelar a la épica para eliminar al Veszprem.

Con lo justo, por la mínima y con sufrimiento pese a que se metió en el último cuarto de hora con seis tantos de diferencia, así fue como el Portland se metió en la final de la Champions. En Alemania, a esas horas el Ciudad Real ya estaba clasificado, y esperaba con avidez el pase de los navarros, para disputar la que será cuarta final española en la primera competición continental, la segunda consecutiva. Un éxito para el balonmano nacional, y más si se recuerda que los otros dos representantes de la Asobal, Ademar y Barcelona, cayeron eliminados por un equipo español (Portland).
La clasificación manchega era esperada. Pasó apuros al principio, pero aguantó al Flensburg como si fuera gaseosa: dejó que se le escapase el gas, y se quedó en nada ante la actuación fabulosa de Sterbik. Ganó el partido para alcanzar con honor su segunda final consecutiva en la Champions. Enhorabuena.
El pase del Portland estaba en duda por la cantidad de contratiempos con los que recibía al Veszprem. Por eso no hubo un juego excelso en Pamplona, y por eso Balic asumió el papel de protagonista, tanto que sus compañeros le tararearon al final lo de cumpleaños feliz. El croata, que cumplía 27 primaveras, cojeando, fue la referencia de los suyos. Cuando Kasper acertó en la portería, el Portland empezó a encarrilar la eliminatoria, y plantarse en su tercera final de la Champions. Enhorabuena también.
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Pero no fue sencillo, porque el Veszprem no aterrizó en España amilanado como en ocasiones precedentes. Había perdido con claridad los últimos cinco encuentros internacionales en estos pagos, pero ayer estaba convencido de que tenía opciones. Intentó explotar la guerra psicológica, tratando de generar dudas en el Portland, y lo consiguió porque el equipo español no fue tan sólido en defensa como en otras ocasiones y porque falló demasiado en ataque. Por eso el partido estuvo apretado hasta mediada la segunda mitad. Las exclusiones que forzaban Balic y Ruesga llevaban al Veszprem a la deriva, pero no se hundía porque los navarros desperdiciaban ocasiones claras, acelerados, y el rival alcazaba los 27 goles y era obligatorio ganar por, al menos, tres goles.
Jornada doblemente feliz: en Ciudad Real, por el segundo triunfo; en Pamplona, por la clasificación épica.
