"En el Sahara mi deporte eran chapas y canicas"
Tiene 18 años y nació en los campos de refugiados saharauis, pero ya es español y lleva la mitad de su vida en Viana de Cega (Valladolid), donde reside con su familia de adopción. Es el mejor fondista nacional menor de 20 años y este fin de semana corre el Mundial de cross júnior.

Lleva una temporada excelente, con un cuarto puesto en el Campeonato de Europa de cross en su debut como español, un récord de España júnior de pista cubierta en 3.000 metros, ahora miembro del equipo para los Mundiales de Fukuoka...
Terminar cuarto en el Europeo estuvo bien, y en la primera participación con la Selección Española. Ahora, en los Mundiales, en mi segunda ocasión como internacional, espero dejar muy alto el pabellón español y ser el primer europeo en la meta.
Y en enero hizo el récord de 3.000 m, en condiciones psicológicas muy especiales.
Mi padre había muerto pocos días antes y quise dedicarle una gran actuación...
Su padre de acogida.
Sí. Siempre se había portado muy bien conmigo y estaba muy ilusionado con mi carrera como atleta. Teníamos una relación muy bonita. Fue muy duro. Le quería mucho, como a mi padre de verdad. Salí con mucha rabia y batí el récord.
Usted vino a España siendo un niño.
Llegué a Viana de Cega, en Valladolid, en el año 1997, con otros saharauis. Era parte de un programa de acogida de la Junta de Castilla y León. Yo entonces tenía nueve años.
Y se quedó para siempre.
Tenía un problema en los testículos y en Smara, donde vivía, no podían operarme. Me intervinieron, tuve que quedarme algunos meses más y como me perdía el inicio del colegio, mis padres de aquí y los de allí se pusieron de acuerdo para que me quedase, y así poder estudiar y tener un futuro mejor. Y aquí sigo. Todo ha ido muy bien desde entonces. Desde diciembre pasado tengo la nacionalidad. Me quedaré en España para siempre, porque mi futuro está aquí.
¿Cómo es su familia vallisoletana de acogida?
Mi madre se llama María Teresa y tengo tres hermanos: Javier de 39 años; Alberto, de 38, y Fernando, de 36. Se portan muy bien conmigo y yo les quiero mucho.
Será el niño mimado de la casa, por la diferencia de edad.
No estoy mimado, ni mucho menos. Ellos me han inculcado una buena educación, me han enseñado que hay que ser responsable y una persona respetuosa con todos.
¿Se adaptó bien?
Muy bien. Todo el mundo me ha tratado siempre magníficamente. Me siento de aquí. Estoy plenamente integrado.
¿Ha vuelto al Sáhara?
Sólo una vez, en 2001. Tengo familia allí y también en Mauritania. Están bien. Hablo con ellos por teléfono.
De haber seguido allí, nunca hubiera podido hacer deporte, ni estudiar.
Estudiar sí estudiaba, aunque con menos lujos. Pero nadie hace deporte. Los chicos jugábamos a las chapas y a las canicas. Es lo único que se puede hacer en el desierto.
¿Y cómo empezó a practicar atletismo en Valladolid?
Yo jugaba al fútbol, pero dependía de un autobús que tenía que ir a recogerme, y lo quitaron. Mi hermano Javier es el delegado del club DAR, y me dijo que para mantener el tono físico que fuera a correr al Pinar, que está aquí, en el pueblo. A mí no me gustaba mucho correr, pero desde el primer día me encontré muy a gusto. Fui campeón de Castilla y León, de España... Ahora me gusta mucho.
¿Y los estudios?
Hago primero de Bachillerato. Es lo más importante. Soy muy afortunado con estar aquí y estoy muy agradecido. De haberme quedado en el Sahára no habría descubierto España ni el amor de mi familia. Y no hubiera tenido un futuro profesional.
¿Y hacia dónde orienta ese futuro?
Me gustaría estudiar y luego trabajar en algo relacionado con el deporte, pero también con la traducción. Se me dan muy bien los idiomas.
Desde luego, sorprende lo bien que habla español.
Lo aprendí en dos semanas. Fue rapidísimo. En el Sáhara hablaba jassania, que es un dialecto del árabe, y que no se me olvida porque hablo con mi familia de allí por teléfono, pero ya no me acuerdo cómo se escribe. Ahora también estudio inglés y alemán.
¿Sigue siendo musulmán?
Sí, pero respeto todas las religiones, como enseña el Islam.
¿Va a rezar a la mezquita?
En mi pueblo no hay ninguna, pero en Valladolid sí hay alguna. Rezo en mi casa, no voy a la mezquita con los demás creyentes.
¿Ni siquiera el viernes, el día musulmán de oración?
Ni siquiera. No me lo permiten las circunstancias.
¿Ha notado algún tipo de rechazo por el hecho de ser musulmán?
Nunca. Al revés. Aquí todo el mundo me quiere mucho y me trataban muy bien ya antes de hacer deporte y ser conocido. Ahora los niños del pueblo tienen fotos mías y soy como un icono para ellos. Yo no renuncio a mis raíces, aunque ya sea español.
Su caso tiene similitud con el de Yusef El Nasri, marroquí criado en España desde niño, también nacionalizado y que es un atleta brillante.
Sí, Yusef es muy bueno. Ha tenido problemas físicos y personales, pero volverá a brillar. Ha conseguido grandes cosas para España.
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Aparte del Mundial de cross próximo, ¿qué otros objetivos tiene?
El Mundial júnior de pista al aire libre del verano próximo, en Pekín. Intentaré dejar bien a España y, por lo menos, meterme en la final.
