Balonmano | Barcelona 26 - C. Real 24

El Barcelona anestesió al Ciudad Real en el Palau

<b>TÁNGANA. </b>Dujsebaev saltó a la cancha para defender a Úrios; el azulgrana Cañellas le frena y Rutenka y Nagy intentan poner paz.
Enrique Ojeda
Redacción de AS
Actualizado a

Todos acicalados de tiros largos para disfrutar de uno de los tres mejores partidos que actualmente se pueden ofrecer en el mundo, y cataclás, vaya corte. Un bodrio para el espectador neutral, un suplicio para el manchego, un primor para el azulgrana, y una clase de estrategia de Xesco Espar para los estudiosos del tema.

El entrenador del Barcelona, por lo que se vio en el Palau Blaugrana, planteó el partido sabedor de sus limitaciones y de y de la superioridades del rival. Por eso evitó un encuentro trepidante pese a la calidad de las plantillas; le puso freno, rebajó en todo momento el salir a la carrera, limitando los contragolpes a los justos y siempre muy claros.

Ritmo lento

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Xesco anestesió al Ciudad Real con el cloroformo de su ritmo medido, con ataques largos para buscar el despiste visitante, y el equipo manchego no se despertó nunca del todo. Algunas de las estrellas del Ciudad Real no llegaron a meterse en el papel que estaban interpretando, y quizá en ese momento Alberto Entrerríos pagó en exceso el ser un central sin experiencia, y Dujsebaev no dio con el ritmo para superar a los azulgrana, que atrás si se movían con celeridad, con prontitud, centrados en la pelea con Urios y con la adrenalina que no expulsaban en ataque escapándoseles por todos sus poros de gladiadores.

En un encuentro como el de ayer, en el que se sabía que la primera línea azulgrana llevaría la voz cantante de su ataque frente a la muralla del Ciudad Real, donde los Pajovic y Dinart imprimen carácter, surgió un tenor que no aparecía en el reparto estelar: el extremo vallisoletano Fernando Hernández, campeón del Mundo, relegado desde el éxito de Túnez. Ayer reivindicó su nombre y su historial; sus goles, sobre todo los últimos, cuando el Barcelona atascado con la boca abierta pedía aire, fueron decisivos, tanto que él fue el verdugo de un conjunto rival que ayer aparecía aletargado, y al que incluso la tángana de la segunda mitad (13-14) más que despertarle le dejó definitivamente de comparsa.

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