Chocolate amargo para Rafa Martínez en la final
Empezó mal la competición, pero acarició el bronce

Con los puños cerrados y gesto de rabia acabó Rafa Martínez su participación en la final general del Campeonato del Mundo. En ese momento, tras clavar el ejercicio de barra, tenía esperanzas de alcanzar el bronce tras un mal inicio de competición. Pero ni le dieron la nota que merecía (9,512), ni el bielorruso Denis Savenkov se dejó mucho en suelo (9,337). Fue imposible agarrar el bronce: cuarto puesto, posición histórica, aunque sepa a poco porque se sabe que el madrileño de Móstoles ya vale podio en cualquier competición internacional.
Lo cierto es que el campeón de Europa arrancó mal la jornada en la que se disputaba el título mundial. En la rotación de los seis mejores todos fallaron en el primer aparato (suelo), pero unos reaccionaron antes (Tomita y Mizutori), otros más tarde, y otros desaparecieron (Kim, subcampeón olímpico). El español se salió dos veces del tapiz, con lo que su ejercicio de suelo, el que debía subirle la nota del primer día, sirvió de poco. En la segunda rotación atacó el caballo con arcos, y mediado el ejercicio se comprobó que iba mal; sin fuerza en el vuelo y tuvo que encogerse para no caer: 8,250. Una nota casi imposible de remontar. Más de uno se temió lo peor. Martínez estaba muerto.
Pero el campeón de Europa tiene talento y amor propio, y si bien da la impresión de que no ha llegado a Melbourne en su mejor momento de forma (batacazo en el Nacional de hace tres semanas en Vitoria), ayer se dejó el pellejo en salir del hoyo cuando parecía sentenciado. Emergió poco a poco. Remontó en anillas sin llegar a clavarlas, y cuando parecía imposible porque venía de fallar en paralelas en la calificación, se sacó un ejercicio bueno y arriesgado (9,537) que le metía de lejos en la pomada. Y ahí estaba, quinto, a más de tres décimas del bronce y con la barra fija delante de él. Le aupó Siscar, su entrenador, y su casta le permitió soñar por unos momentos con el bronce en una reacción epica. Adelantar al elegante japonés Tomita era imposible, y tampoco a Mizutori... El bronce estaba cerca, pero el jurado de barra no era el más apropiado para recibir la nota justa, y se quedó corto, a menos de dos décimas del podio.
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