Tenis | US Open

Nadal llega a la Segunda Avenida en Nueva York

Rafa Nadal respondió a las expectativas y liquidó con facilidad al estadounidense Bobby Reynolds, en la jornada de apertura del US Open, en la pista central Arthur Ashe. El día de apertura es tan peligroso, como atestigua la derrota de la rusa SvetlanaKuznetsova, vigente campeona del Open.

<b>CON AUTORIDAD. </b>Rafa Nadal no tuvo problemas para derrotar en primera ronda a Bobby Reynolds.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Era el día del peligro en el Grand Slam más extraño. Extraño es el calificativo que mejor le cuadra al US Open: en el barrio de Queens, un reducto casi portuario, de humedad agobiante, el National Tennis Center y sus durísimas pistas azules nada tienen que ver con la tierra de Roland Garros o la hierba de Wimbledon. Son otra cosa: no se sabe bien qué.

Desde Long Island y los puentes del Hudson, va y viene un calor húmedo que espanta. Se agitan las basuras y los aviones, en el corredor de La Guardia. Borg jamás fue campeón aquí. Es el santuario de ganadores tan rebeldes como Jimmy Connors o John McEnroe. Al fin, Lendl se americanizó para devorar a los dos caníbales. Y se adueñó del Open y sus pistas diamantinas, bruñidas y brillantes, llenas de jaleo.

Un día de 1990, perdido aquí en un cambio de calendario, Boris Becker se preguntó: "¿Qué hace un chico como Boris Becker, que se parece a Marlon Brando, perdido en esta jungla de Nueva York?" Tras la proclama, Becker jamás volvería ganar el US Open tan retador y misterioso, tan salvaje y neoyorquino como los Yankees o los Knicks.

Era el día del peligro para Rafael Nadal: el de la apertura del Open en estas pistas relucientes y escandalosas. Enfrente, Bobby Reynolds, el ex campeón universitario de Vanderbilt, un chico de buena familia... tirando palos de saque a 210 kilómetros por hora. En el Australian Open, Nadal le metió 6-1, 6-1, 6-3.

Pero en un día I en el US Open, todo es posible. Dos ilustres desconocidos, Brian Baker y Ekaterina Bychkova, despidieron sin contemplaciones al depresivo Gaudio y a la vigente campeona, Svetlana Kuznetsova, la rusa de Barcelona, que maldice mejor en catalán que en ruso.

Sin aprietos.

En este escenario, tan peligroso como surrealista, un poco a lo Blade Runner y con los jueces de línea vestidos de Polo Ralph Lauren, Nadal apareció de rojo y negro. Tan ceñido como si lo hubiese vestido Versace o Armani. Pero ahí se acababan los atrevimientos: Rafa escogió atrincherarse en el fondo de la pista y dejar que Reynolds estampara un palo tras otro en los pasillos de dobles o más allá de las líneas de fondo.

Sin contemplaciones, riesgos ni aprietos, el chico de Manacor que se enfrenta a Nueva York fue dejando que Reynolds se derritiera en su propio frenesí de golpes sin ritmo. Queriendo apurar a Nadal, Reynolds claveteó su ataúd. Véase la estadística de errores no forzados.

Los tres sets fueron casi calcados. Sólo en la segunda manga, con 5-3 y 15-40, hubo dos bolas de break para Reynolds, que Nadal salvó con tanta solvencia como si se tratara de un ensayo para momentos más importantes.

En hora y 50 minutos, Nadal estuvo en la Segunda Avenida. En octavos debe tocar Thomas Johansson. Y en cuartos, el penúltimo hurra del maestro Agassi. A ver qué le dice Nadal a uno de los últimos héroes de N.Y.

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Sigo sin poder sentirme favorito, porque este es un torneo en el que yo no tengo un palmarés como pueden tenerlo Agassi, Hewitt o el mismo Federer. Era un día que tenía sus problemas, y Reynolds ha sido un rival de cuidado por la potencia que ha metido a sus golpes de fondo y sus saques. La bola le andaba muchísimo y a veces me ponía en apuros. No me siento con presión: vengo a jugar todo lo bien que pueda y a hacer el mejor resultado posible. Ha habido que sudar y jugar bastante, y ahora me tocará Bastl o Jenkins. Habrá que jugar cada partido en su momento y esperar a ver qué pasa. No tengo problemas".

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