Ciclismo | Vuelta a España

El pelotón se derrite

Ayer se rozaron los 45 grados. Petacchi venció en Puertollano.

<b>DUCHAS EN CARRERA. </b>El manchego Sevilla se refresca durante la etapa de ayer camino de Puertollano.
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Cuando Alessandro Petacchi debutó como profesional en 1996, el bello Cipollini ya era una estrella rutilante, campeón de Italia, con victorias en el Giro y en el Tour, un tipo relamido y un velocista fabuloso, alguien que gastaba lo mismo en linimento que en brillantina, un personaje de Grease montado en bicicleta. Con ese panorama parecía razonable pensar que Petacchi había elegido la especialidad equivocada, por no decir la profesión.

Nueve años después, con Cipollini recién retirado (el pasado marzo), Petacchi es el rey indiscutible del sprint. No es sólo que su carrera no haya sido frustrada por un genio superior, sino que, con un estilo menos o nada extravagante, parece seguir los pasos del que ha sido, probablemente, el mejor velocista de todos los tiempos.

Petacchi, de 31 años, suma 100 victorias y Cipollini se retiró a los 37 años con 189 triunfos, eso sí, después de haber conseguido sus objetivos más deseados: ser campeón del mundo y ganar la Milán-San Remo. Esta temporada, Petacchi se impuso en la Milán-San Remo y ahora tiene un único sueño: proclamarse campeón mundial en Madrid el próximo 25 de septiembre.

Y mientras sueña, engorda su palmarés. Después de una magnífica exhibición de su equipo en las calles de Puertollano, Petacchi sumó su 13ª victoria en la Vuelta, 24º triunfo de la temporada. El orden de llegada podría haber sido el de un Mundial, ya que al italiano le siguieron Zabel y Boonen, dos ilustres que no andarán muy lejos del arcoiris este año.

Pero el gran protagonista de la etapa no fue Petacchi, el héroe habitual, sino el calor absoluto y abrasador. En algunos tramos se alcanzaron los 45º, temperatura a la que se pueden cocer los huevos, los ciclistas no me llevarán la contraria. Para hacerse una idea aproximada de lo que fue la etapa de ayer habría que dar pedales en una bicicleta estática con un secador de pelo aplicado sobre la cara. Y forro polar.

Hubo unanimidad en el pelotón a la hora de calificar la jornada como la más calurosa jamás vivida y durante el recorrido no hubo ciclista que no se empapara el cuerpo en un intento de sofocar la calorina. En lugar de al corredor más combativo se podría haber elegido a Míster Camiseta Mojada.

Habrá quien culpe a la ola de calor africano que inunda la Península, incluso al deterioro de la capa de ozono, pero cualquier lugareño nos habría advertido del peligro de viajar de Andalucía a La Mancha en el mes de agosto. Y en la sobremesa, para más inri. Todos deberíamos tener una abuela de cabecera.

Ataque suicida.

Como los ciclistas están hechos de otra pasta, la jornada también tuvo a su aventurero de rigor, en este caso Javier Pascual Rodríguez, un clásico, que se fugó en el km 70 y llegó a alcanzar los cuatro minutos de ventaja. Se dio por vencido a la altura de Fuencaliente, más que un pueblo, una ironía.

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A diez kilómetros de la meta, Fassa Bortolo se hizo cargo de la situación con la precisión de los asesinos profesionales. Apartó a los aficionados y marcó un ritmo de frenesí. Con impulsos semejantes debe ser difícil no ganar. Petacchi lo celebró como si estuviera poco acostumbrado, agitando con furia los brazos.

Por si a alguien le pareció poco, los ciclistas recorrerán hoy los 232 kilómetros que separan Puertollano de Argamasilla de Alba, terreno que no tiene fama de ser mucho más fresco que el de ayer. Es muy probable que los extranjeros menos ilustrados se lleven la idea de que Don Quijote de La Mancha era algo así como Lawrence de Arabia y que su camello se llamaba Rocinante. Cosas veredes, amigo Sancho.

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