Heras no se esconde
Menchov es el primer líder, pero el campeón tan solo cede 15s segundos.

Durante algún tiempo, Dennis Menchov fue el Indurain de Rusia o el Zar de Pamplona, no lo recuerdo bien. El Banesto estaba deslumbrado por lo que consideraba un diamante en bruto, capaz de ganar en el Mont Ventoux con 24 años, mejor joven del Tour un año después. Como le había sucedido antes a la ONCE con Zülle o Jalabert, nadie encontró inconveniente alguno en apostar por un ciclista extranjero y por convertirlo en jefe de filas, en esperanza blanca, el ciclismo supera fronteras, debieron pensar.
Pero se equivocaban. El ciclismo no es el fútbol y los aficionados son fieles al ciclista y no a la camiseta. Por eso Menchov, pese a su perfecto castellano y sus hijos navarros, no vendía en el mercado español, como tampoco lo hace Karpets ahora, desconozco su capacidad para promocionar las Islas Baleares en Rusia.
Ya fuera por razones de mercadotecnia o deportivas, Menchov abandonó España y fichó por el Rabobank, un equipo en eterna búsqueda de líder y que tal vez deba seguir buscando. Menchov, 27 años, acabó el pasado Tour en el puesto 85º.
Ayer, cuando ganó el prólogo, los periodistas se apresuraron a preguntarle si se veía en condiciones de ganar la Vuelta. Y él respondió que no: "Estoy muy lejos de verme ganador". Hay pocas cosas más imprevisibles en el mundo del deporte que un ruso. Así, a vuela pluma, me vienen a la cabeza Mostovoi, Safin, Kafelnikov, Kournikova y cualquiera de los Ivanov que han pasado por el ciclismo.
Primer aviso.
Quien no dejó pasar la oportunidad de intimidar en su presentación fue Roberto Heras, el actual campeón, que por algo lo es. Quienes aseguran que los prólogos y las cronos de inicio no valen para nada no dicen toda la verdad. El ciclismo es un deporte tan duro, tan absolutamente exigente, que cualquier pequeño traspié amenaza con resquebrajar una voluntad que se ha mentalizado para subir montañas de una longitud determinada, pero ni de un metro más. Lo sabe el aficionado que se achica cuando llueve y la multitud de candidatos que se rilaban en cuanto Armstrong se exhibía en el prólogo. Por cierto, no sé si se puede nombrar a Armstrong sin relacionarlo con Lucifer, Mefistófeles o Bush.
A lo que iba. Heras sólo cedió 15 segundos con Menchov (tres menos que Botero), gran resultado si se tiene en cuenta que Mancebo y Aitor González perdieron 26. No obstante, no fue Heras el mejor español de la etapa, sino Sastre, que entregó tan solo siete segundos. Aclarar, por si no lo vieron, que el aperitivo de la Vuelta incluía en sus siete kilómetros un puerto de segunda que reventó a aquellos hombres-bala que pensaban disputar un prólogo del Tour o el Giro. Pereiro fue de los favoritos que se estrellaron contra ese muro: perdió 39 segundos, el mismo tiempo que Mercado, otro de los tapados oficiales.
Mal de ojo.
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Aunque si se habla de estrellados el premio se lo lleva Beloki, y que me perdone la ironía. El ciclista del Liberty se fue por el suelo justo en la primera curva y tal fue el susto y la frustración que se quedó algunos segundos tirado en el suelo como si le hubiera pegado un tiro, quizá haciéndose el muerto para que le deje de perseguir el mal fario. Terminó el antepenúltimo a 1:44 del ganador. No levanta cabeza desde su caída en el Tour 2003.
No hubo más sorpresas en la primera etapa. La Vuelta mantiene la intriga y a poco que se mire será difícil no engancharse. En el podio, además de un montón de señores de corbata, apareció Mar Saura. Fíchenla.